VATICANO – Proclamar a Jesús en todas las lenguas. La “profecía misionera” de la Imprenta Políglota de Propaganda Fide

Catolicismo Innovación y Emprendimiento

Por Stefano Lodigiani

Ciudad del Vaticano – Las celebraciones del 400 aniversario de la fundación de la Congregación de Propaganda Fide -que tuvo lugar en 1622- ofrecen la oportunidad de redescubrir las intuiciones innovadoras y en muchos sentidos actuales, que estuvieron en el origen de esa institución. Un valor profético del que también dan fe los primeros “instrumentos operativos” con los que la recién nacida Congregación quiso dotarse, empezando por la benemérita y gloriosa Imprenta Políglota de Propaganda Fide.
Recorrer la historia de la “Políglota de Propaganda” es toparse con cifras y acontecimientos que atestiguan de forma asombrosa la prontitud y flexibilidad con que la “fides romana” conoce y sabe aprovechar todos los instrumentos para anunciar al mundo la salvación prometida por Cristo.
En las actas de la Congregación General de Propaganda Fide, celebrada el 3 de junio de 1626, se puede ver la decisión de crear la “Imprenta Políglota de Propaganda Fide”. En 1627 el papa Urbano VIII nombró al cardenal Guido Bentivoglio, primer prefecto de la Imprenta Políglota de Propaganda Fide, responsable de la Prefectura de la Prensa. Los otros cardenales que le sucedieron en este cargo siempre pertenecieron a la Congregación de Propaganda Fide.
La Imprenta tuvo su primera sede, según las crónicas, en el local donado por el canónigo Achille Veneri en la calle Salita del Grillo, entre la colina del Quirinal y los Foros Imperiales.
El cardenal destinado a hacerse cargo de la nueva institución era originario de Ferrara, donde había nacido el 4 de octubre de 1577, y había estudiado en la Universidad de Padua, graduándose en ‘utroque iure’. Desde sus primeros estudios, Bentivoglio había mostrado una particular predilección por la historia, hasta el punto de que sus obras compuestas en los años siguientes representan – según los estudiosos – una etapa ineludible en el desarrollo de la metodología histórica moderna. Gracias a su amistad con el cardenal Pietro Aldobrandini, sobrino del Papa Clemente VIII, Bentivoglio fue nombrado chambelán secreto del Papa y, tras completar sus estudios en Padua, se trasladó a Roma.
Su formación moral e intelectual, histórica y política en la época romana estuvo influenciada por tres personalidades con las que entabló relaciones amistosas y eruditas: el cardenal Silvio Antoniano, académico y ensayista; el cardenal Cesare Baronio, de la Congregación del Oratorio, autor de los primeros volúmenes de los Annales ecclesiastici y de la revisión del Martirologio Romano; y el cardenal jesuita Roberto Bellarmino, teólogo y gran escritor.
Guido Bentivoglio, presbítero y arzobispo, fue nombrado cardenal por el papa Pablo V el 11 de enero de 1621. Nuncio apostólico en Flandes y más tarde en la Corte francesa, a su regreso a Roma fue puesto al frente de la Inquisición. Murió en Roma el 7 de septiembre de 1644. Dejó como legado varias obras, algunas de las cuales se tradujeron también a otros idiomas, por las que se le reconoce su competencia y pasión en cuestiones de diplomacia y política, así como de historia, demostrando su fluidez para escribir incluso sobre acontecimientos complejos, haciéndolos comprensibles para todos.
A este cardenal de refinada cultura y, al mismo tiempo, capacidad de síntesis y difusión, se le encomendó, por tanto, la tarea de dirigir la recién fundada Imprenta Políglota de Propaganda Fide, que vio la luz poco después del nacimiento de la Congregación de Propaganda Fide e incluso antes del establecimiento del Colegio Urbano para la formación de sacerdotes misioneros, erigido por el papa Urbano VIII el 1 de agosto de 1627.
El nacimiento de la Imprenta Políglota es atribuido por los historiadores al impulso de otro hombre de cultura, monseñor Francesco Ingoli , que desde 1622 hasta su muerte fue el valioso primer secretario de la Congregación de “Propaganda Fide”. Ingoli fue el autor de la “Relación de las cuatro partes del mundo”, escrita hacia 1630: un verdadero resumen geo-misionero elaborado a partir de los informes de los misioneros en cada parte del mundo entonces conocido. El manuscrito, que se creía perdido y que no se encontró hasta 1999, consta de cinco partes compuestas por cinco cartas dirigidas al padre Valeriano Magni, entonces provincial de los capuchinos en Bohemia. Cada carta supone un denso informe y del conjunto de la obra se puede obtener una imagen completa de la actividad misionera de la Iglesia católica a mediados del siglo XVII. Europa, Asia, África y América son las cuatro partes del mundo a las que Ingoli dedica su obra. Una quinta carta está dedicada a “las cosas que se hacen en Roma para la Propagación de la Fe”, con una descripción interna de los primeros años de la vida de la Congregación.
Detenerse, aunque sea brevemente, en el trasfondo cultural y la actividad bíblica de las dos personalidades que más intervinieron en la fundación de la Imprenta Políglota, puede ayudar a comprender mejor el espíritu y el propósito por el que vio la luz. Ingoli, hombre culto y de reconocidas aptitudes lingüísticas, estaba firmemente convencido de que el recién fundado Dicasterio debía prever, entre sus principales tareas, la impresión de libros en las distintas lenguas que fueran útiles para la labor misionera. En efecto, los misioneros necesitaban textos de la Sagrada Escritura y de la doctrina católica en la lengua de los pueblos a los que eran enviados. Las necesidades financieras para este fin no eran ciertamente insignificantes, y suscitaron algunas críticas a lo largo de los años, que Ingoli siempre rechazó con firmeza y entusiasmo apostólico. Hay que señalar que pronto, los textos publicados no se reservaron solo para los misioneros dispersos por el mundo, sino que se difundieron en Europa a través de las librerías, tanto por razones religiosas como económicas, para sufragar los enormes gastos que comportaban.
También se prestó especial atención a la labor de traducción, en una época marcada por fuertes esfuerzos para contrarrestar las doctrinas y enseñanzas difundidas por los textos protestantes y ortodoxos.
En 1643 la Imprenta se trasladó a unos locales cercanos a la sede del Colegio Urbano, en la Plaza de España, posibilitando así una colaboración más estrecha y fructífera, en la gestión y sobre todo en el ámbito lingüístico, entre la Congregación, el Colegio y la Imprenta.
La Imprenta Políglota de Propaganda Fide comenzó a trabajar gracias a los tipos de letra que el emperador Fernando II donó a Propaganda Fide: “los caracteres ilirios de San Jerónimo y San Cirilo”, es decir, el glagolítico occidental y el cirílico, respectivamente. Con estos caracteres, llegados de Austria, y con otros caracteres, griegos y latinos, encontrados en Roma, comenzaron a trabajar Giovanni Bandini y Francesco Paolini, correctores de la ‘Imprenta’.
El primer volumen impreso fue probablemente una versión griega de la “Guía de pecadores” del dominico Luis de Granada, escrita en 1588, a la que siguieron obras de gramática, derecho, de controversias y de espiritualidad, todas ellas destinadas a servir a los misioneros en Oriente. El primer catálogo, publicado en 1639, contenía los títulos impresos ya en 1628. El segundo catálogo de la Imprenta de Propaganda, aparecido en 1667, es un espléndido ejemplo por su vigor misionero y su pericia técnica. Concebido por el griego León Allatius, el catálogo presentaba obras al servicio de los misioneros, como las del maronita Abraham Ecchellensis , del propio Allatius, del Card. Bona, de los misioneros carmelitas descalzos, recopilada en varias lenguas occidentales y orientales. Entre las muchas obras importantes publicadas por la Imprenta se encuentra la primera edición completa de toda la Biblia en árabe, publicada en 1671, de la que se conserva en el Archivo Histórico de Propaganda Fide la matriz xilográfica utilizada para imprimir el íncipit de la Primera Carta a los Corintios.
Cuando se publicó el quinto catálogo en 1761, la técnica tipográfica había alcanzado niveles muy altos y la Imprenta de Propaganda parecía estar bien establecida al servicio de los misioneros. El joven Giambattista Bodoni llegó a Roma en 1758, y ejerció su arte tipográfico en la Imprenta de Propaganda hasta 1767, cuando se trasladó a la Corte Ducal de Parma, convirtiéndose pronto en el “impresor de los reyes” de toda Europa, sin por ello romper sus vínculos con la Imprenta donde había comenzado su profesión trabajando como aprendiz.
Durante la Revolución Francesa, la Imprenta sufrió varios saqueos, pero consiguió recuperarse y continuar con su labor misionera a lo largo del siglo XIX. En 1909 su Acta Sanctae Sedis preparó el camino para el Acta Apostolicae Sedis y ese mismo año la imprenta Propaganda Fide se incorporó a la actual Imprenta Políglota Vaticana.

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