VATICANO – Papa Francisco: Quien anuncia el Evangelio de Jesús no puede estar triste

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Roma – El anuncio del Evangelio, es decir, de la salvación prometida por Jesús, tiene rasgos distintivos, casi como “connotaciones genéticas” que lo hacen incomparable a cualquier proclamación de mensajes o programas políticos, morales o religiosos. El Papa Francisco ha enumerado y descrito al menos cinco de ellos durante la Audiencia General de hoy, miércoles 25 de enero, en la tercera cita del nuevo ciclo de catequesis dedicado a la pasión por la evangelización y el celo apostólico.

El primer «elemento esencial» que connota a todos los que siguen a Jesús como “maestro del anuncio” – ha comenzado diciendo el Papa Francisco, refiriéndose al pasaje evangélico de la predicación de Cristo en la sinagoga de Nazaret, leído al inicio de la Audiencia General- es la alegría. La palabra Evangelio quiere decir Buena Nueva, anuncio de leticia, de alegría y «testimoniar a Jesús, hacer algo por los otros en su nombre, es decir entre las líneas de la propia vida, que se ha recibido un don tan hermoso que ninguna palabra basta para expresarlo». Sin embargo «cuando falta la alegría, el Evangelio no pasa», y «un cristiano triste puede hablar de cosas muy hermosas, pero todo es vano si el anuncio que transmite no es alegre».

El segundo rasgo distintivo que acompaña siempre al anuncio del Evangelio – ha continuado el Obispo de Roma- es el de la liberación, ya que Jesús mismo dice que ha sido enviado «a proclamar la liberación a los cautivos». Esto significa que quien anuncia el Evangelio de Jesús «no puede hacer proselitismo, no, no puede presionar a los otros, sino aligerarlos: no imponer pesos, sino aliviar de ellos; llevar paz, no llevar sentimientos de culpa». El camino siguiendo a Jesús conlleva sacrificios, pero «quién testimonia a Cristo muestra la belleza de la meta, más que la fatiga del camino».

El tercer elemento que marca el anuncio del Evangelio ha sido definido por el Papa como la connotación de la luz: «Jesús dice que ha venido a traer ‘la vista a los ciegos’. Llama la atención que, en toda la Biblia, antes de Cristo, nunca aparece la curación de un ciego, nunca. De hecho, era un signo prometido que llegaría con el Mesías». No se trata solo de la vista física – ha añadido el Pontífice, «sino de una luz que hace ver la vida de forma nueva. Hay un “venir a la luz”, un renacimiento que sucede solo con Jesús». Del mismo modo – ha proseguido el Papa Francisco «empezó para nosotros la vida cristiana: con el Bautismo, que antiguamente se llamaba precisamente “iluminación”».

El cuarto aspecto del anuncio del Evangelio según el Pontífice es «la sanación». Jesús mismo «dice que ha venido para “dar libertad a los oprimidos”, y oprimido es quien en la vida se siente aplastado por algo que sucede: enfermedades, fatigas, angustias, sentimientos de culpa, errores, vicios, pecados…». Quien lleva pesos – ha subrayado el obispo de Roma – «Necesita perdón. Y quien cree en Jesús tiene precisamente eso para donar a los otros: la fuerza del perdón, que libera el alma de toda deuda».

Además, ha explicado el Papa, nombrando el quinto elemento esencial que acompaña el anuncio del Evangelio – «con Cristo la gracia que hace nueva la vida llega y asombra siempre». El anuncio de Jesús siempre trae consigo «el asombro de la gracia», porque «no somos nosotros los que hacemos grandes cosas, sino que es la gracia del Señor que, también a través de nosotros, realiza cosas imprevisibles. Y estas son las sorpresas de Dios».

Esta buena nueva, que dice el Evangelio – ha añadido el Papa en la parte final de su reflexión – está dirigida «a los pobres» que son «los destinatarios mencionados esplicitamente por Jesús, porque son los predilectos de Dios».

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