VATICANO – Papa Francisco: la intimidad con Jesús, Buen Pastor, es “el alma” de toda obra apostólica

Catolicismo Innovación y Emprendimiento

Roma – Jesús, Buen Pastor, «no está para contemplar el recinto de sus ovejas y tampoco las amenaza para que no se vayan». Si una de las ovejas de su rebaño sale y se pierde, Él «no la abandona, sino que la busca. No dice: “¡Se ha ido, culpa suya, asunto suyo!”». Mientras que nosotros, sus discípulos, a veces «quizá vemos como adversarios o enemigos a los que han dejado el rebaño», y al encontrarnos con ellos en la escuela, en el trabajo, en las calles de la ciudad, perdemos ocasiones preciosas «de testimoniarles la alegría de un Padre que los ama y que nunca les ha olvidado». Así, el Papa Francisco ha vuelto a sugerir que toda auténtica obra apostólica tiene su fuente en el “sufrimiento” del Señor, que «Sufre por los que no conocen la belleza de su amor y el calor de su abrazo”. Lo ha dicho en la Audiencia General de hoy, miércoles 18 de enero, durante la segunda cita del nuevo ciclo de catequesis dedicado a la «pasión por la evangelización» y al «celo apostólico que debe animar a la Iglesia y a todo cristiano».
Para captar el corazón de todo auténtico dinamismo misionero – ha recordado el Papa al comienzo de su catequesis -, debemos mirar siempre a Jesús, «modelo insuperable del anuncio». Él, el Verbo de Dios, es la «Palabra eterna del Padre dirigida a nosotros», y vive «siempre dirigido hacia el Padre y hacia nosotros». si miramos a sus jornadas, descritas en los Evangelios, «vemos que en el primer lugar está la intimidad con el Padre, la oración, por la que Jesús se levanta temprano, cuando todavía está oscuro, y se dirige a zonas desiertas a rezar». Luego, después de la oración, «Jesús dedica toda su jornada al anuncio del Reino de Dios y la dedica a las personas, sobre todo a los más pobres y débiles, a los pecadores y a los enfermos». Del mismo modo – ha sugerido el Obispo de Roma, citando «el bonito volumen del abad Chautard», la intimidad con Jesús es «“el alma de todo apostolado”. Jesús mismo lo dijo claramente a sus discípulos: “separados de mí no podéis hacer nada”».
Jesús mismo – ha proseguido el Pontífice, inspirándose en la parábola evangélica de la oveja perdida, leída en el Aula Pablo VI al comienzo de la audiencia- ha indicado los rasgos distintivos de toda auténtica pasión misionera, al hablar de sí mismo como del Buen Pastor, el que «da su vida por las ovejas». De hecho, ser pastor – ha recordado el Sucesor de Pedro «no era solo un trabajo, que requería tiempo y mucho empeño; era una verdadera forma de vida: veinticuatro horas al día, viviendo con el rebaño, acompañándolo a pastar, durmiendo entre las ovejas, cuidando de las más débiles. En otras palabras, Jesús no hace algo por nosotros, sino que da todo, da su vida por nosotros. El suyo es un corazón pastoral». Y la Iglesia, para evaluar su labor pastoral, debe siempre «compararse con el modelo, Jesús Buen Pastor». Si uno está con Jesús – ha observado el Papa Francisco – descubre «que su corazón pastoral late siempre por quien está perdido, alejado». Y si alguien se pierde y se extravía, el corazón pastoral de Jesús «sufre y arriesga». El Señor – ha insistido el Pontífice «sufre cuando nos distanciamos de su corazón. Sufre por los que no conocen la belleza de su amor y el calor de su abrazo». Y «en respuesta a este sufrimiento, no se cierra, sino que arriesga: deja las noventa y nueve ovejas que están a salvo y se aventura por la única perdida, haciendo algo arriesgado y también irracional, pero acorde con su corazón pastoral, que tiene nostalgia de los que se han ido». Este es el «celo de Dios» que todo discípulo de Jesús está llamado a imitar, no tachando «de adversarios o enemigos a los que han abandonado el rebaño», sino aprovechando cualquier circunstancia para seguir «testimoniándoles la alegría de un Padre que los ama y que nunca les ha olvidado». No se trata – ha añadido el Papa Francisco «de hacer proselitismo – ya lo he dicho, para que los otros sean “de los nuestros”, no, esto no es cristiano: se trata de amar para que sean hijos felices de Dios». Y «i los cristianos no tenemos este amor que sufre y arriesga, corremos el riesgo de apacentarnos solo a nosotros. Los pastores que son pastores de sí mismos, en vez de ser pastores del rebaño, son peinadores de ovejas “exquisitas”. No hay que ser pastores de sí mismos, sino pastores de todos».

Advertisements

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *