VATICANO – “El Señor hace grandes cosas a través de los pequeños”. El cardenal Tagle consagra obispo al padre Emilio Nappa, secretario adjunto del Dicasterio para la Evangelización

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Roma – «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que se nos ha dado». Las palabras del Apóstol San Pablo en el capítulo quinto de la Carta a los Romanos han sido el tema de la liturgia de ordenación episcopal del don Emilio Nappa, celebrada en la tarde del sábado 28 de enero en la Basílica de San Pedro.
El pasado 3 de diciembre, el Papa Francisco nombró a don Nappa como Subsecretario del Dicasterio para la Evangelización con el cargo de Presidente de las Obras Misionales Pontificias, confiriéndole el título de Arzobispo y asignándole la sede titular de Satriano . El lema episcopal elegido por el nuevo Arzobispo, “Caritas diffusa est”, se refiere precisamente al pasaje citado de la Carta de San Pablo a los Romanos. «El don de un nuevo obispo nos asegura que Dios cuida de su pueblo», ha dicho al comienzo de su homilía el cardenal Luis Antonio Gokim Tagle, Pro-prefecto del Dicasterio Misionero, quién ha presidido la concelebración eucarística y conferido la ordenación episcopal a monseñor Nappa.
A la liturgia de consagración, celebrada en el Altar de la Cátedra, han asistido cientos de familiares, parientes y amigos , junto con oficiales y empleados del Dicasterio para la Evangelización y más de veinte obispos concelebrantes, entre ellos los co-consagradores Edgar Peña Parra, Sustituto para Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, y Angelo Spinillo, Obispo de Aversa.
En su homilía, inspirándose en las lecturas de la liturgia dominical , el cardenal Tagle ha recordado que el servicio del ministerio episcopal sólo puede ser fecundo en virtud de los dones de la gracia, y sólo en la humildad se puede «experimentar la verdadera dicha y la verdadera alegría». Como todos los demás seres humanos –ha reconocido el Pro-Prefecto del Dicasterio Misionero-, también los creyentes en Dios tienen la tentación de buscar el orgullo, siguiendo «una ilusión de grandeza basada en mentiras», que «priva a las personas de asombro, gratitud y alegría» y «conduce a la injusticia, la violencia, la destrucción y la infelicidad». Sólo se encuentra la humildad «cuando aceptamos la verdad sobre nuestra condición humana: que no somos los más sabios ni los más fuertes ni los más nobles a los ojos del mundo», y sin embargo «Dios elige incluso a los sencillos para mostrar su sabiduría y su fuerza». «Podemos ser criaturas pobres y pecadoras – ha continuado el cardenal nacido en Manila-, pero eso no impide que Dios actúe a través de nosotros. Y siendo humildes, no presumimos de nosotros mismos ni glorificamos nuestro nombre. La humildad nos hace alegrarnos y alabar al Señor que hace grandes cosas a través de los pequeños». Por eso «sólo las personas humildes aprecian las bendiciones de Dios y difunden la buena nueva del amor y la misericordia de Dios». Buscar la humildad y «gloriarse en Dios, alegrarse en Dios, exaltarse en Dios», ha señalado el cardenal Tagle, «es el camino hacia nuestra bienaventuranza. Este es nuestro deseo y nuestra oración por monseñor Emilio, y por su ministerio como Obispo». Con razón – ha añadido el Cardenal, dirigiéndose al “querido hermano Emilio”, recordando el pasaje de la Epístola a los Romanos del que está tomado su lema episcopal – «deseas servir con amor. Pero San Pablo te recordará constantemente que ese amor viene de Dios, a través del Espíritu Santo. Predicarás con amor, no tu propia palabra, sino la Palabra de Jesús. No comunicarás con tu poder, sino la gracia de Dios en los sacramentos. Guiarás, pastorearás y custodiarás la comunidad, no con tus estrategias, sino con el amor de Jesús, el Buen Pastor. Promoverás la misión no con tus propios programas, sino en obediencia al Señor resucitado que envía a todos sus discípulos a ser sus testigos por toda la tierra. Afrontarás las pruebas y las decepciones no con sólo la fuerza humana, sino con el don de la esperanza de Dios».
Al final de la celebración, el Arzobispo Emilio Nappa, en un breve discurso de saludo y acción de gracias, se ha referido también en la esperanza «que no defrauda» y al amor de Dios «derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo», ambas cosas recordadas en el citado pasaje de la Epístola de San Pablo a los Romanos.
«El encuentro con el Señor Jesús – ha dicho el Arzobispo, refiriéndose al camino de su vida- para mí fue precisamente este: amor y esperanza, transformados en un camino en la Iglesia». «De joven –ha continuado el Subsecretario del Dicasterio para la Evangelización- buscaba respuestas a las preguntas de la vida. No era muy religioso, aunque sí creyente. Y recibí como regalo en cambio el acceso a la fuente del ser, que es el amor: Dios, que llenaba mi corazón. Esta experiencia luego se convirtió en vocación, y me hizo experimentar la sensación de libertad, que uno busca cuando es joven – pero también hoy- y que a menudo se confunde con otra cosa». Ahora, convertido en sucesor de los Apóstoles, el nuevo obispo se ha reconocido llamado a testimoniar con su ministerio episcopal «esta verdad central del cristianismo, es decir, que Dios es amor que se da, y por tanto es libertad que crea nuevas posibilidades de vida incluso allí donde todo puede volverse estéril. Y la cifra que lo hace creíble es la alegría que produce la revelación de Dios. La Biblia –ha proseguido el arzobispo- es la promesa de un futuro de plenitud, de vida plena y de felicidad. Sin embargo, ya está presente aquí y ahora, si se comparte un destino común como pueblo y como Iglesia. Porque nadie es cristiano por sí solo, y nadie puede ser feliz solo». Concluyendo su discurso, Mons. Nappa ha recordado y agradecido con memoria agradecida a las personas y realidades que le han permitido vivir «esta experiencia de cristianismo», empezando por su familia y su difunto párroco, don Eduardo Barretta. «La persona y el sacerdote que soy – ha comentado el Arzobispo- es fruto del encuentro con los rostros, las historias, las realidades que he conocido y a los que hoy debo decir gracias».

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