Un Embajador con Cerebro Lavado

Análisis y Opinión Argentina Chile

Un artículo del embajador argentino Rafael Bielsa, en “El Mercurio” de hoy,  menciona una supuesta “operación de terror”, refiriéndose a la “Operación Cóndor”, acordada entre los gobiernos militares de Argentina, Chile y otros países en los años 70. 

Pero lo que escribe e insinúa Bielsa acerca de algún supuesto “terror de Estado” no es verdad. Prefiero pensar que ello se debe a que ignora la verdad, carencia que comparte con el 80 % de los chilenos. Esto último explica por qué, por segunda vez en poco más de medio siglo, este país va a volver a caer en manos del comunismo por la vía electoral. Pues, en efecto, la “Operación Cóndor” no fue “de terror”, como reza la leyenda de izquierda y dice el embajador, sino todo lo contrario, para defendernos del terror.

Cuando la subversión más asolaba a este continente fue a mediados de los 70, en 1974, año en que se reunió en París una “Junta de Coordinación Revolucionaria” integrada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Argentina, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros de Uruguay y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Chile (del cual ese mismo año era una activa ayudista una joven llamada Michelle Bachelet, según su biografía más reconocida, la de Insunza y Ortega, 2005).

El secretario de la “Junta de Coordinación Revolucionaria” era el cubano y miembro de la DGI (el KGB de Cuba) Fernando Luis Álvares, casado con Ana María Guevara, hermana de un conocido asesino serial que desempeñó su cometido en Cuba, Ernesto “Ché” Guevara.

En octubre de ese año el MIR me informaba de lo anterior mediante un periódico a mimeógrafo, que hacían llegar puntualmente a mi oficina particular de la calle Doctor Carlos Charlín, en Providencia.

Los gobiernos del cono sur, entonces, resolvieron enfrentar unidos esa coordinación terrorista, que era para cometer atentados y asesinar uniformados y civiles. Así nació la “Operación Cóndor”, para defenderse del terror, no para practicarlo.

Por supuesto, “veinte años después” en Chile (y antes en Argentina) los gobernantes, legisladores y jueces comenzaron a perseguir a los militares que participaron en la “Operación Cóndor” y, al mismo tiempo, los gobiernos civiles han amnistiado e indemnizado al verdadero victimario de los países, el terrorismo de extrema izquierda, como si quienes lo prohijaban hubieran sido las “víctimas”.

Una verdadera “Operación Mentira Histórica” continental se ha impuesto así durante décadas y ampliamente. Y en virtiud de esa gigantesca impostura, en nuestros países los agresores han pasado a ser “agredidos”, los victimarios han devenido “víctimas” (“nuestros camaradas y las víctimas”, concedía textualmente en su tiempo el CJE Juan Emilio Cheyre, cuyo cerebro estaba tan bien lavado de toda verdad como el del embajador Bielsa). Y, en fin, los totalitarios ya han pasado a ser oficialmente “demócratas”. Tanto que hasta Boric ahora afirma serlo. Se ha perdido hasta el sentido del ridículo.

En Chile una clase dirigente política y empresarial débil, inepta y entreguista ha dejado, a su turno, que le laven el cerebro a ella y a todo el mundo y que la verdad sea censurada o suprimida de los medios que ella controla o cree controlar, porque de hecho se los maneja la izquierda. Si no, “se toma” las instalaciones de los periódicos. Desinformación exitosa a tal extremo que hasta las nuevas generaciones “cuicas”, en Chile, creen hoy que el “terror” lo trajeron los militares. No pocos jóvenes ABC1 declaran que un gobierno de derecha “les da miedo” y, en consecuencia, votan concienzudamente por el comunismo y por amplia mayoría llevan al poder a su candidato, que tan solemnemente le rindió un homenaje al busto de Allende en La Moneda en su única visita a palacio.

Entonces Chile entero se apresta a corroborar otra vez, más temprano que tarde que, si bien los pecados se pagan en la otra vida, las imbecilidades se pagan en ésta.

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