El sentido común, o eso que ahora llaman “la extrema derecha”

¡Vaya tiempos en los que nos tocó vivir!

Si se hubiera sentado conmigo alguien años atrás y me hubiera advertido que me tocaría experimentar en primera persona todo lo que vemos en la actualidad, en la vida le hubiera creído, o cuando menos, me hubiera sonreído en medio de mi acostumbrado desparpajo.

Jamás pensé que lo que era absolutamente natural en el ser humano y normal para mí, tendría que ser explicado, defendido y llevado como escudo cuál batalla medieval. Por que sí, a ese nivel estamos.

Vivimos ahora vociferando de introducción, casi a la par con nuestro nombre, nuestra tendencia ideológica, antes de cualquier crucificción digital o pública, también para evitar malas caras, de esas que muchos ya estamos acostumbrados a ver.

Sin querer lo inimaginable nos tocó hacer y vivir. Vivimos repitiendo “¡Soy conservador, soy conservador!” cual jovencito pregonero, de esos que solían vendernos periódicos en antaño.

Algo que era inocuo, y hasta muchos desconocíamos su designación, nos obligó la circunstancia a etiquetarlo y defenderlo de las garras del horror progresista. Esa cosmovisión que insisto, salvará al mundo de su proceso de autodestrucción.

Papá y mamá, como estructuras de cada hogar, nuestras costumbres, el amor a Dios, lo empezaron a llamar extremismo religioso. Y yo todavía no salgo de mi asombro. Sigo buscando el extremismo y lo religioso de esa ¿acusación?

¿Y qué decir cuando defendemos con datos, determinación y fortaleza el sentido común? Hasta nazi me han llamado con singular alegría, por decir de forma vocal, que los hombres con vestido no son, ni serán mujeres.

Pero la lista sigue, porque cuando se trata de defender la vida, nos llaman “anti-derechos” y me pregunto yo: ¿El derecho a la vida y del bebé qué? ¿De cuando acá quitarle la vida a un bebé inocente y dejar a su madre masacrada es un derecho?

Por cada cosa que con justa razón defendemos y abanderamos, el progresismo le ha encontrado una etiqueta tan satírica como nefasta, con la clara intención de quebrarnos emocionalmente. Un ser quebrado es más fácil de silenciar y anular. Ellos saben perfectamente lo que hacen.

Esos mismos que por cierto dicen no querer ser etiquetados, que hablan de que “amor es amor” y que no se sacan del verbo los términos diversidad e inclusión. El detalle que no cuentan, es que su postura es la única que cuenta y exigen respeto con pistola en mano.

La verdad, es que personalmente desconozco cómo terminará todo esto.

Cada oportunidad en que me siento a intentar imaginarlo y pasearme por los distintos escenarios de la situación, me agobio y termino peor de como estaba al inicio.

Si algo es cierto como el sol que nos ilumina a todos, es que el mal que poco a poco nos ahoga y arropa, existe y se extiende, en buena parte por el entendible miedo de muchos, así como la inacción de los indolentes de siempre.

No es momento de miedos.

Es momento de que usted escoja de una vez por todas, en donde se piensa situar.

Mientras unos pocos, estamos con el pecho expuesto, con la necesidad imperiosa de decencia y el terror de que todo se termine de salir de control, como únicas razones y pago para movilizarnos, muchos otros que tienen las manos verdes de tanta liquidez monetaria, o peor aún, son manipulados como peones del progresismo defendiendo lo indefendible, mientras sus amos de conciencia ganan poder entre otras cosas, siguen inmersos sin posibilidad a despertar de su sinsentido.

¡Vaya tiempos en los que nos tocó vivir! Donde al sentido común, ahora le llaman “la extrema derecha”.

¡Hasta la próxima!

Advertisements

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *