EUROPA/RUSIA – Los religiosos que ayudaron a los hambrientos: cien años de la misión pontificia enviada por el Papa Pío XI

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Moscú – “Esta historia muestra cómo, si confiamos en Dios, también nosotros podemos llevar a cabo la misión que Él nos ha confiado”, ha declarado el padre Stephan Lipke SJ, durante la presentación del libro en ruso sobre la misión pontificia de ayuda a los hambrientos en Rusia , enviada por el Papa Pío XI, cuyo centenario se cumple este año.
En el Centro Cultural Ortodoxo de Moscú “Knižnaja Palata”, el jesuita, director del Instituto Santo Tomás de Moscú, y la autora del libro, Maria Chiara Dommarco, han celebrado, hace unos días, un encuentro para comenzar a introducir al público de habla rusa en la historia de la misión pontificia, ante una treintena de ortodoxos y católicos.
El Nuncio Apostólico en Rusia y Uzbekistán, Monseñor Giovanni d’Aniello, ha saludado la publicación con alegría. Las secuelas de la revolución bolchevique y la guerra civil se sumaron a la hambruna del verano de 1921 y a las epidemias subsiguientes, amenazando la implosión del recién nacido Estado soviético. La preocupación de Pío XI no dejó de intentar la realización de lo que ya esperaba Benedicto XV: una misión de socorro por parte de la Santa Sede, financiada por todo aquel que en cada rincón de la tierra no fuera ajeno a la tragedia que se estaba desarrollando.
El 12 de marzo de 1922, el cardenal Gasparri y el plenipotenciario del gobierno bolchevique, Vaclav Vorovsky, firmaron el acuerdo que permitiría a doce religiosos católicos partir hacia los territorios recientemente en manos del gobierno leninista y socorrer a la población rusa. Así, en el verano de 1922, los religiosos llegaron a Rusia y la misión se desplegó en los puntos designados: Moscú, Krasnodar, Eupatoria, Džankoj, Rostov y Orenburg. El carácter humanitario de la expedición, que, según lo acordado con el gobierno soviético, no debía tener fines religiosos, tuvo múltiples implicaciones, tanto a nivel humano como diplomático. La Dra. Maria Chiara Dommarco se ha ocupado de su historia y sus implicaciones, publicando en diciembre de 2020 una monografía en italiano que es la primera que se propone como objetivo reconstruir científicamente su historia, a partir del análisis de una considerable cantidad de documentos – casi todas las fuentes de archivo disponibles sobre el tema. En los dos años que duró su misión, los enviados de Pío XI no sólo alimentaron a miles de personas necesitadas y les proporcionaron medicinas a diario, sino que también se dedicaron a buscar a los desaparecidos a causa de la Primera Guerra Mundial, la guerra civil que estalló tras la revolución bolchevique y la persecución de católicos y ortodoxos, sin hacer nunca distinciones en función de la filiación confesional o política de los que encontraban. Por el contrario, su estancia en Rusia fue una oportunidad para muchos de ellos de descubrir la belleza del rito oriental, en el encuentro con las comunidades ortodoxas y católicas de rito bizantino, y de establecer relaciones con el clero y los fieles locales basadas en el afecto y la estima mutuos. Además, gracias a la presencia de los enviados allí, la Santa Sede recibió información de primera mano sobre el estado de las persecuciones religiosas y el director de la misión, el padre Edmund Walsh SJ, pudo hacer sentir de forma concreta la cercanía del Papa a muchos creyentes, como en el caso del arzobispo Cieplak, encarcelado en Moscú.
Se trató de “un ecumenismo de la caridad ante litteram”, un claro ejemplo de cómo las condiciones externas, por trágicas que sean, no niegan por sí mismas la posibilidad de dar cabida a gestos de cercanía hacia aquellos con los que uno se encuentra, aunque sea una vez en la vida. Una vez superada la fase aguda de la emergencia, aunque la miseria seguía siendo generalizada, la expedición fue liquidada por el gobierno leninista.
Las esperanzas de la Santa Sede de poder establecer una misión permanente en forma de escuelas de formación profesional o instituciones similares, que habrían sacado a muchos jóvenes de la calle, se vieron frustradas. Por otra parte, como informó “L’Osservatore Romano” el 28 de junio de 1923, Pío XI había sido claro: no las persecuciones contra los católicos , sino que sólo la negativa del gobierno soviético provocaría el cese de las actividades de socorro de los enviados pontificios. Reconstruir los acontecimientos de la misión pontificia en Rusia era un paso necesario para arrojar luz sobre una página de la historia que, de otro modo, sería poco conocida: ahora también los lectores de lengua rusa podrán enfrentarse a ella, gracias a la segunda edición de la monografía, corregida y ampliada, publicada por el Instituto Santo Tomás. El centenario muestra cómo el odio y la violencia no son nunca las únicas opciones en este campo: el diálogo y la caridad, en cambio, son siempre caminos no sólo viables, sino que la historia indica que son necesarios para la reconciliación entre los hombres.

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