EN DEFENSA DE LA VIDA

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DEFENDAMOS LA VIDA, de NICOLAS KIPREOS A.

Sigo consternado por la aberrante idea de consagrar en la Constitución el aborto libre, sin restricciones, por lo mismo, seguiré incansablemente defendiendo la vida tratando de argumentar sobre la razón y el sentido común, porque en el contexto de una sociedad que reconozca la libertad de pensamiento, de hallar una justificación, ésta no debe fundarse en creencias religiosas porque los individuos que no comparten dichos credos estarían justificados de no aceptar las normas que de ellas se derivan, pero dejando del todo claro que soy católico y pienso firmemente que fe y vida son inseparables, de tal modo que fe y pensamiento, como fe y acción, también son inseparables.

¿Por qué debemos oponemos al aborto? Si todos estamos de acuerdo que debemos proteger y defender la vida humana, derecho consagrado por cierto en casi todas las Constituciones del mundo, esta obligación es aún mayor cuando se trata de una vida desamparada, como es un ser humano en gestación, preparándose para nacer en el vientre de su madre, que por su condición no puede hacer valer sus propios derechos. Por lo mismo, el aborto es y debe ser tipificado como una decisión en contra de la vida. La madre y el niño son igualmente seres vivos con iguales derechos a vivir ya desarrollarse.

Nadie en el mundo ha podido ser lo que es sin haber pasado por un proceso de gestación en el útero de su madre. Sin embargo, los defensores del aborto, los constituyentes en este caso, han resuelto una forma simple y categórica de desconocer la vida y los derechos de un ser humano en gestación, negando arbitrariamente su condición de persona.

No puede menos de causar extrañeza la inconsistencia en algunos que protestan indiscriminada contra la pena de muerte, contra toda forma de guerra, contra el maltrato de animales o contra la explotación indiscriminada de la naturaleza, firmando cuanto acuerdo existe, pero que reivindican el aborto sin más, promoviendo y aceptando leyes que degradan a una segunda categoría la existencia de un ser por el solo hecho de que su supervivencia depende de la madre. Ella es, efectivamente, dueña de su cuerpo, pero su propiedad no se extiende al territorio corporal de su hijo, que es otro ser totalmente distinto. La libertad de hombres y mujeres a decidir sobre su vida sexual y reproductiva no está en cuestión, sino hasta el momento en que su ejercicio anula la libertad y la dignidad de otro con iguales derechos.

Cabe señalar en la CC se busca afanosamente consagrar los derechos de los animales como seres sintientes para garantizar su bienestar y proteger su dignidad. ¿Estará la dignidad de los animales por sobre la de los seres humanos por nacer?

Nicolás Kipreos Almallotis

CUANDO DE DEFENDER LA PATRIA SE TRATA, TODO VALE

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