EL FESTIVAL DE LA ALEGRIA

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Columna de Fernando Villegas

EL FESTIVAL DE LA ALEGRIA

Está demás echar de menos el circo Las Águilas Humanas que divirtió por tantas décadas a grandes y chicos; tenemos ahora uno que funcionará no sólo durante el mes de las fiestas patrias, sino todo el año. Cuenta con un público cautivo y a tablero vuelto, con una claque perseverante, entusiasta y miope capaz de aplaudir cualquier cosa, con el apoyo de feministas, animalistas, ecologistas, indigenistas, nihilistas, comunistas, socialistas, regionalistas y desde luego oportunistas. Todo el mundo se ha sumado a ver pasar el desfile callejero antes de la primera función y casi todo el mundo esperar divertirse a mares cuando empiece. Este circo, el del Nuevo Régimen, tiene de señor Corales al Presidente Boric y cuenta con un gran elenco de payasos, acróbatas y equilibristas, ayudistas en la prensa, activistas en la calle y propagandistas en paraninfos universitarios y hasta en jardines infantiles, donde las profes se dedican a pedirle a sus niñitos que dibujen a San Gabriel y adivinen qué regatón le gusta. El resto, el público que repleta las galerías, hasta ahora aplaude cualquier cosa, aterrados como están de que los tonis se pongan serios y los arrojen de las aposentadurías.

El espectáculo recién ha comenzado. La gente, en su inmensa sabiduría, se muestra esperanzada; la derecha, en su inmensa cobardía, se desintegra aun más incluso allí –el Congreso– donde tiene suficientes escaños; los periodistas, en su colosal obsecuencia y servilismo, se dedican afanosamente a la tarea de celebrar y promover el culto a la personalidad; los comunistas, instalados tras el trono, se soban las manos y preparan sus maniobras para haciendo uso de todos sus instrumentos – el congreso, la convención, la calle, las universidades, los barrios, los gremios, etc- empujar su maravilloso proyecto, el de convertir Chile en media docena de republiquetas socialistas bolivarianas o comunistas-mapuchistas.

¿Cuánto durará la función? ¿En qué momento se retiran los tonis y entra el equilibrista a caerse de cabezas desde la cuerda? ¿En qué acto el león se va a comer al domador? ¿En cuál intermedio vendrá el payaso a contarnos chistes malos?

Después de todo no es el circo Las Águilas Humanas. Este último era de alta calidad; los artistas conocían su oficio, los payasos eran divertidos, los equilibristas no caían, el domador domaba, la “ecuyere” era bonita. Este otro es más bien rasca. Hay notorio déficit cognitivo en buena parte de la compañía. Es de dudarse que algunos sepan resolver un problema de regla de tres simple. El equipamiento mental promedio consiste en un catálogo de clichés, lugares comunes y cantinfladas varias. Con eso se puede ganar campañas, pero no es del todo seguro que sea suficiente para gobernar un país. Es de temerse que ya a mitad del primer acto la carpa se vendrá abajo.

FERNANDO VILLEGAS

CUANDO DE DEFENDER LA PATRIA SE TRATA, TODO VALE

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