CUARESMA

Análisis y Opinión Catolicismo
La Iglesia nos propone a todos los cristianos seguir el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, prepararnos en este tiempo por 40 días, para la celebración de las solemnidades pascuales, con una actitud de cercanía, de comprensión y de paz frente a los demás. Cuarenta días en alusión a los 40 años que pasó el pueblo de Israel en el desierto con Moisés y los 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública.
Es un tiempo particularmente apropiado para acercarse a Dios; a los seres queridos y amigos enfermos o solos que nos necesitan; a los que por diferentes circunstancias no les hablamos; a los que necesitan nuestra ayuda en la casa, en el trabajo, en el grupo de amigos, en el vecindario; a aquellos que partieron para recordarlos, para pedir por ellos, para hacer obras en su nombre, porque nos necesitan, en nuestro desconocimiento no sabemos en qué situación se encuentran; todo como un signo de penitencia y de encuentro, para enriquecer nuestra alma. Las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna ayudarán mucho a fortalecer nuestra condición de ser hijos de Dios.
No podemos considerar esta Cuaresma como una tiempo más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina para recomponer, mejorar o fortalecer el rumbo de nuestras vidas que hay que saber aprovechar. Tiempo único para pedir perdón por nuestras faltas, por nuestros errores, por nuestra indolencia, por nuestra avaricia, Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros que lo busquemos.
A aquellos que no creen les diría que nuestra fe implica una confianza que no sería necesaria si la existencia de Dios estuviera sujeta a una comprobación absoluta de la razón o de las matemáticas. Lo que Dios busca no es nuestro consentimiento intelectual, sino una relación con nosotros abierta y profunda, basada en la confianza y el amor.
Sabemos que muchos han perdido su fe especialmente porque se manipula con facilidad para propósitos bajos en vez de elevados y porque algunos que dicen ser gente de fe actúan de formas que la deshonran. A ellos solo pedirles perdón porque quienes tenemos fe somos humanos, con debilidades, con errores, y nos falta ser ejemplo para que la fe surja en ustedes.
Es notable que, cuando Tomás hace su solicitud a Jesús, nadie lo condena. Por el contrario, Jesús le da a Tomás lo que necesitaba —en su caso, pruebas— y al hacerlo deja en claro que está dispuesto a encontrarnos donde estemos. Algunos necesitan evidencias, por lo menos al inicio; para otros la mera fe es suficiente.
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