CUANDO LA REALIDAD PUEDE GOLPEAR LOS DESEOS

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CUANDO LA REALIDAD PUEDE GOLPEAR LOS DESEOS

La política tradicional argentina, refugiada en el Congreso y las provincias, transmite una clara sensación de susto. Milei amenaza con echarles a “la gente” encima, y nadie quiere ponerse frente a esa ola. Algunos de esos políticos confían en que el tiempo hará su trabajo, y “la gente” irá abandonando a Milei a medida que vea los devastadores efectos de sus medidas sobre su vida cotidiana. Argentina comienza su verano y muchos piensan en sus vacaciones, pero el momento de la verdad vendrá en marzo, cuando vuelva la actividad normal. A ello se aferran los que preparan la oposición a Milei.

El problema de fondo está muy estudiado y descrito en el libro “Cómo mueren las democracias” de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. En el texto se analizan muchos casos de populismos y conflictos de legitimidades, como el que está planteando Milei en Argentina, pero hay uno que se le parece especialmente, aunque toda comparación no es del todo exacta: el de Perú. Alberto Fuijimori era, como Milei, un outsider de la política que en un año creó un partido y logró ganar las elecciones de 1990 nada menos que a Mario Vargas Llosa, el premio Nobel peruano. Hasta las cifras se parecen. Milei logró el 30% en primera vuelta y el 56% en la segunda. Fujimori el 29,9% y el 62% en la segunda en 1990.

Los dos tenían el mismo problema: los diputados se eligen en parte en elecciones intermedias, en las que aún no eran nadie, y una parte en esa primera vuelta, en la que ninguno de los dos arrasó. Por eso Fujimori tenía solo 32 de las 180 curules en la Cámara de Diputados y 14 de 62 en la de Senadores en 1990. Milei controla directamente solo 38 de los 257 diputados y siete de los 72 senadores de Argentina, aunque puede contar con algunos más gracias al apoyo de Mauricio Macri.

Fujimori tardó nueve días en anunciar sus medidas ultraliberales, que supusieron una gran devaluación, privatizaciones, liberalizaciones y un fuerte empobrecimiento de los peruanos para controlar la inflación desbocada (2.775% en Perú entonces, 150% en Argentina antes del cambio). Milei tardó cinco días. Se habla de Fujishock, y la palabra shock es ahora la más repetida en Buenos Aires.

El presidente logró un enorme apoyo popular y lo aprovechó para cargar contra el Congreso. Asustados y con una imagen de la política muy desgastada, los diputados peruanos le dieron poderes especiales al muy popular Fujimori, pero no le bastó. Había un gran elemento diferenciador que por suerte Argentina no tiene: el terrorismo de Sendero Luminoso. La mano dura de Fujimori contra ellos le hizo aún más popular y después de meses culpando al Congreso de todos los males, decidió cerrarlo en 1992 con un autogolpe. Y ya nadie lo pudo parar hasta el año 2000. Antes se había encargado de destruir a los sindicatos, para debilitar la protesta social, y de machacar el sistema político peruano, que nunca consiguió recuperarse y aún sigue penando con una extrema debilidad de los partidos y una inestabilidad permanente.

La pregunta ahora es si Milei querrá seguir esa estela de enfrentamiento con el Congreso hasta convertirse en un nuevo Fujimori, o si parará antes o le harán parar. Argentina y Perú son dos países muy diferentes, por historia, por estructuras sociales, por realidades económicas, pero que necesitaban urgentes cambios. En Perú, los sindicatos ya estaban débiles cuando llegó Fujimori, que los remató. En Argentina están entre los más poderosos del mundo. Los partidos en Perú ya estaban muy tocados en 1990 —eso permitió que la segunda vuelta fuera en realidad entre dos outsiders como Fujimori y Vargas Llosa—. El peronismo sale herido de las elecciones, pero aún conserva mucha fuerza y poder local: gobierna la colosal provincia de Buenos Aires.

Están los contrapoderes, entre ellos algunos sectores de la prensa de izquierda que están formulando una pregunta en Argentina, válida también para quienes en Chile apoyan ciegamente a Milei: ¿qué pasaría si Cristina Fernández de Kirchner —Boric para Chile— hubiera cambiado 300 leyes con un solo decreto sin consultar con nadie? La dialéctica que plantea Milei es muy parecida a la del primer Fujimori, y ambos contaron con mucho apoyo popular para romper cualquier tipo de oposición. La pregunta es hasta cuándo. Los argentinos deben prepararse para un shock de los “mil demonios” que no dejará tiempo ni siquiera para analizar las consecuencias inmediatas. El tema común de los dos países vecinos es que sus situaciones eran para eso y mucho más. Veremos qué pasa.

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