CONFUNDIDOS, PERO SIN RECHAZO

Catolicismo

CONFUNDIDOS, PERO SIN RECHAZO

Domingo Rodriguez Zambrana, S.T.

 

En el contexto de la religiosidad popular de nuestro pueblo hispano, los sueños usualmente juegan una parte importante de la vida. ¡Cuántas ansiedades y temores, porque hemos soñado esto o aquello!  Se nos explica que los sueños surgen del subconsciente.  O sea, que lo que reprimimos en nuestro consciente, por las razones que sean, se proyectan en el cerebro mientras dormimos, como una pantalla de cine.  Te prohíbes a ti mismo, tal pensamiento o tal comportamiento, pero el subconsciente se aprovecha y lo proyecta libremente, cuando ya no puedes controlarlo.

 

Abordamos este tema, pues en la fiesta litúrgica de la Epifanía, los sabios de oriente sueñan con el Mesías, según lo señala el evangelista San Mateo, en 2/1-12:

“Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios[a] procedentes del Oriente.—¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse[b] su estrella y hemos venido a adorarlo.Cuando lo oyó, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él. Así que convocó a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la Ley de su pueblo para preguntarles dónde había de nacer el Cristo.—En Belén de Judea —le respondieron—, porque esto es lo que ha escrito el profeta:“Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un príncipe  que será el pastor de mi pueblo Israel”.[c]Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño y tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.Después de oír al rey, siguieron su camino. Sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, sintieron muchísima alegría. 11 Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y presentaron como regalos: oro, incienso y mirra. 12 Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino…”

En el contexto de las Sagradas Escrituras, el soñar y los sueños son el medio que revelan la presencia y la voluntad de Dios.  Posiblemente, es por eso por lo que le damos tanta importancia. Pero no nos enfoquemos en la experiencia de ‘soñar’ como tal, más bien, miremos a la fiesta de la Epifanía, como parte del plan de Dios en la Historia de Salvación.  El Evangelista relata el evento como algo que amplía la grandeza del misterio del nacimiento del Hijo de Dios.  El contraste en este pasaje del evangelio no siempre es tomado en cuenta o considerado.  El Mesías nace en un pobre establo, entre la mula y el buey, con todo lo hediondo de un lugar así.  Pues ahí es que llega la realeza de los Sabios, Magos o Reyes de Oriente. Se le atribuye sabiduría, pues eran estudiosos de las Sagradas Escrituras.

 

No sería exageración, ni herejía, si postuláramos que ellos quedarían confusos o sorprendidos en el escenario frente a sus ojos.  El prometido de todos los tiempos, un rey de reyes en esas condiciones se hace difícil aceptar. Imaginémonos, sin embargo, que posiblemente ellos discutieron entre sí, el contraste entre sus expectativas y lo innegable de aquel cuadro tan emotivo.  Una virgen-madre, un pobre hombre carpintero, unos pastores con sus rebaños y aquel bebé, radiante de luz.  ¿Ángeles cantando un gloria desconocido?  He ahí la grandeza del momento…, ¡confundidos, pero sin rechazo!  No dudemos que se detuvieron a deliberar, que hubo argumentos a favor y en contra. Pero obviamente, guiados por el Espíritu Santo, no tuvieron otra alternativa que aceptar, aquel era verdaderamente el Mesías prometido.

 

Aquella epifanía era necesaria.  Si el pueblo judío era el recipiente de la promesa y que, en su fe, por siglos, se creyeran por encima de los demás pueblos, este evento les desmentía su arrogancia.  La universalidad de la salvación por medio del Mesías queda establecida como prueba de que Jesús, Hijo de Dios, vino como un judío, para su pueblo.  Cierto, pero ese pueblo fungía como ‘mediador’ de la promesa para toda la humanidad.

 

Misterio de fe que se celebra en solemnidad, afirmando que el amor de Dios encarnado es para toda la humanidad, de todos los tiempos, hasta la consumación de los siglos.

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