Capitalismo: una Batería

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Capitalismo: una Batería

Max Freeman – Enero 2024

 

El dinero provoca oscilaciones en la actitud de las personas. Cuando el dinero es malo, las personas desean que fuese mejor. Cuando es bueno, las personas piensan en otras cosas *. No es ocasión de escribir sobre la historia del Dinero, para ello sugiero leer a Galbraith, como lo leí yo hace varias décadas… sin prejuicios.

Mi formación científica y el deseo -a veces, indiscreto en mi práctica de la academia- de simplificar las cosas me anima a compartirles esta visión. El Capitalismo es una Batería.

Una batería como la de su celular, o de su automóvil, o de su linterna; almacenan energía en un “formato” que le permite a usted almacenarla, transportar, utilizar cuando usted lo solicite. La energía eléctrica la identificamos en ingeniería por unidades como kWh. Así, usted puede almacenar -acumular- energía en una batería una cierta cantidad de kWh. Cuando usted quiere hacer funcionar su automóvil, la batería le entrega el impulso inicial de modo que usted no necesita empujar su auto para hacer que su motor parta. Simple. Cuando usted quiere iluminar en la oscuridad un sendero que recorrer, usted nada más presiona un botón y … ¡voilà!… se hace la luz enfrente suya.

Acumularla -en cualquier dispositivo- no es gratis ni espontáneo. No en acuerdo a la 1ª Ley de Termodinámica (rige todo el Universo) que señala “no se crea ni desaparece, solo se transforma”. Alguien o algo “debe trabajar” para conseguir concentrarla y almacenarla. “Trabajo” es así, otro formato de la “energía” y que bien puede medirse en kWh.

Pues bien, el dinero es la “energía” generada del trabajo humano y/o de sus dispositivos, que es almacenada y que cuando se hace, genera el concepto de Capital. En tanto está en el bolcillo suyo, es trabajo nominativo de modo que es utilizado -en estricto rigor- en acuerdo a su voluntad. En cuanto su voluntad le hace depositar sus excedentes en una entidad financiera o bancaria y recibir utilidad por “prestarlo a la sociedad”, usted recibe parte de la utilidad y la sociedad la otra parte. Así es como el trabajo genera trabajo cuando usted no puede hacerlo generar de forma más eficiente que la sociedad que lo contiene.

Así, el Capital se corresponde al concepto de “acumulador de trabajo humano” que naciera en los instintos más primitivos de la humanidad. El Capital es de ocurrencia natural.

Capital fue nuestra primitiva caverna, lo es -ahora- su casa, su auto, su vestuario, la educación suya y de sus hijos.

Si usted ha cargado su Batería de energía, usted podrá utilizarla para cuando lo necesite. Esa energía usted puede heredarla a sus descendientes, rentarla, o extraviarla en el entorno social (mal gastarla) y así hacer con ella una dilución infinita (lenguaje de ingeniería química) de modo que su arribo en algún lugar sea imperceptible. Y si es imperceptible, a nadie le es útil. Sugiero que usted cuide de los frutos de su “trabajo”, aquel acumulado por usted, sus ascendientes, y en general, la sociedad que le ocupa. Nada más ingrato e injusto que meterlo en una “piñata” y se extravíe en el entono, presa de garrotazos y desprestigio -malicioso “lucro”- creando de paso, una sociedad de esclavos.

 

 

*Galbraith, J. Kenneth; 1983.  El Dinero. Ed. Orbis, Biblioteca de Economía nº1, 1983,  ISBN-10.8428601348. Barcelona.

 

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