Boric Con (o Sin) Corbata

Análisis y Opinión Chile

Dada la personalidad que ha adoptado, Boric puede ser capaz, piensan algunos, hasta de presentarse con corbata a la transmisión del mando.

Pero, en lo personal, aunque se la ponga no le voy a creer nada, pues ese circunspecto  “lector de poemas”, que emocionó a los empresarios en la Enade, es el mismo que insultaba a carabineros durante la revuelta y el mismo que quiso engañar al país con un test de drogas trucho durante el último foro presidencial, tras cuyo intento quedó al descubierto. Pero entonces no hubo el acostumbrado “juicio por los diarios” ni menos una acción de la autoridad sanitaria. En definitiva, Boric nunca se hizo un test de pelo. Por cierto, su prensa adicta se encargó de hacer olvidar el episodio, junto con magnificar maniobras publicitarias que perjudicaran a Kast.

Vale la pena hacer notar que nuestra (“nuestra” = de la derecha) derrota de segunda vuelta del 21 de diciembre fue idéntica a la del plebiscito de 1988, 56 vs. 44 por ciento. Pero las consecuencias ahora pueden ser peores.

La mayor diferencia entre ambas situaciones deriva de los propósitos de los respectivos triunfadores: en 1988, con Aylwin a la cabeza, se respetaban más la institucionalidad política y el modelo socio-económico. En 2022, con Boric a la cabeza, se quiere arrasar con todo eso.

Para ganar la elección éste practicó un gigantesco cohecho: como la mitad de los chilenos gana $400 mil mensuales o menos, ofreció un salario mínimo de $500 mil, más cargos en los directorios de las empresas para los trabajadores y menos horas de trabajo (de 45 a 40 semanales). Entonces más de un millón de personas, que antes no votaban, se sintieron estimuladas a ir a sufragar y ahora se aprestan a “pasar por caja” después del 11 de marzo, ganando más y trabajando menos. Pero ¿cuántas pymes van a quebrar después de esa fecha?

Obviamente Boric se ha vestido con piel de oveja para evitar que antes del 11 de marzo la gente que algo tiene ponga su plata a buen recaudo. Pues a partir de esa fecha tendrán lugar sus “transformaciones”: la primera, subir los impuestos y las contribuciones. Y ya está en marcha el nuevo gravamen sobre el patrimonio de los “superricos”, moción inconstitucional, por supuesto, que ya aprobó una comisión de la Cámara.

Ya los gobiernos de la Concertación y de Piñera han aumentado mucho lo que el Estado se lleva de “la torta”: desde US$22 mil millones en 2000 a US$94 mil millones en 2019 (de 19,5% a 31,7% del PIB: José Ramón Valente, “El Mercurio”, 11.01.22). La deuda pública también ha aumentado. Y entre bonos de ayuda y retiros de ahorros los chilenos han recibido unos US$80 mil millones desde que comenzó la crisis. Por eso hoy cuesta encontrar connacionales que trabajen en menesteres básicos.

Pero la primera medida de Boric después del 11 de marzo será, sin duda, liberar a los presos de la insurrección violenta. Lo mismo que hizo Allende con los “muchachos idealistas” presos por terrorismo en 1970. Lástima que poco después los idealistas asesinaron a Edmundo Pérez Zujovic.

En cuanto al resto de la gente que aspire a obtener algo que no tenga, cualquier cosa, después del 11 de marzo, seguramente va a optar por tomárselo de facto, porque Jackson ha prometido, para esos casos, “diálogo” antes que desposesión o desalojo.

Lo malo es que, para progresar, Chile necesitaba lo contrario: orden público y respeto a la propiedad. Y también conseguir que la plata de que se apropia hoy el Estado (es decir, los políticos y su clientela, que en el sector público ganan en promedio un 50 % más que en el privado, “La Tercera”, 20.11.21) en lo sucesivo llegara a los pobres de verdad y todos tuvieran isapre (con el actual gasto en Salud alcanzaría), colegios particulares pagados con “vouchers” (con el actual gasto en Educación alcanzaría) y pensiones mínimas de $400 mil pesos (esto último se financiaría gravando en 10 % las remuneraciones de los sobrepagados funcionarios públicos: “Ley Bettina Horst”, economista autora de la idea.)  Todo eso pudo pasar si hubiera ganado Kast. Pero el electorado prefirió la otra receta.

A estas alturas vale la pena tratar de responder si el nuevo gobernante que subirá con los comunistas al gobierno será más semejante a Gabriel González Videla o a Salvador Allende, que hicieron antes lo mismo. El primero era del moderado Partido Radical y demócrata, y por eso terminó marginando a los comunistas, pues querían hacerse de todo el poder, y poniéndolos donde deben estar: fuera de la ley. El segundo era tan afín al comunismo que el KGB lo tenía en su nómina como agente, con la chapa de “Líder” (Vasili Mitrokhin, ex KGB, en “El Mundo Iba en Nuestra Dirección”, Basic Books, Cambridge, Massachussets, 2005). Boric es mucho más parecido a Allende y no tiene nada de GGV, pues ha declarado que su partido se sitúa “a la izquierda del comunismo”.

En consecuencia, el panorama nacional es: o caer en el comunismo de manera indefinida, como sucedió en Cuba o, tras mil días (o, por último, mil 460 = 4 años), que tenga lugar un cambio de tendencia hacia la derecha en la opinión pública, tal como el registrado en 1973, para que entonces Chile vuelva a ser “país modelo” otra vez.

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