ASIA/CHINA – Tiempo de Navidad para los católicos chinos. Cuando la luz de Jesús atraviesa los días de dolor

Catolicismo Innovación y Emprendimiento

por Marta Zhao

Pekín – Muchos católicos chinos recordarán siempre el tiempo de Navidad que acaba de terminar.
Esta vez, la renovación de la alegría por el nacimiento de Jesús se ha cruzado con el sufrimiento y la angustia provocados por la nueva oleada de la pandemia de Covid-19. Justo en los días previos y posteriores a la Navidad, muchas familias se han visto visitadas por el dolor y el luto. Y en todo esto, el ‘sensus fidei’ de tantos bautizados ha encontrado luz en la Navidad para vivir como cristianos incluso estas circunstancias tan dolorosas. “Tantas historias y acontecimientos vistos y escuchados en estos días han sido para mí como una verdadera ‘epifanía’ de la fe de hermanos y hermanas abrazados y consolados por Jesús, que le dan gracias en cada circunstancia de la vida”, dice a la Agencia Fides Maria Han, que frecuenta la iglesia dedicada a San José en Pekín.
La comunidad católica de China ha perdido religiosas, sacerdotes y muchos catequistas durante la oleada de contagios. Los sitios web de las parroquias accesibles a través de redes sociales como WeChat han sido inundados de peticiones de oraciones por los enfermos y moribundos, y de anuncios de la muerte de muchos ancianos, junto con avisos de iniciativas espontáneas de solidaridad puestas en marcha para enviar antipiréticos y otros medicamentos mediante “mensajeros” voluntarios a las personas que se habían quedado sin ellos y se enfrentaban a la enfermedad aislados, en sus propias casas. El histórico sacristán John Zhu Deyou, conocido por todos como “Maestro Zhu” , que ha ayudado a generaciones de catequistas y monaguillos a crecer en la fe, ha fallecido en la catedral de Pekín.
Muchos enfermos graves y moribundos no han podido recibir la Unción de los Enfermos y los sacramentos antes de su último adiós. En esas situaciones, atenazadas por la emergencia, los hijos y nietos de los ancianos moribundos, siguiendo su ‘sensus fidei’, han ejercido plenamente el sacerdocio universal de los bautizados, acompañando los últimos momentos de sus seres queridos con oraciones y bendiciones. Reunidos en torno a su cama, han realizado la señal de la cruz en la frente de sus ancianos padres con agua bendita, dándoles el último adiós.
Corren de persona en persona, gracias también a las redes sociales, los relatos de sacerdotes que han administrado la Extremaunción a los moribundos en la ambulancia que les conducía al hospital entre el ulular de las sirenas, mientras la red de parroquias y diócesis se ponía en marcha para garantizar un entierro digno a todas las personas de las distintas comunidades golpeadas por la pandemia, y para llevar medicinas y alimentos a las familias aisladas en sus casas a causa del contagio. “Nuestras comunidades han compartido el calvario de la ansiedad, el dolor, la sensación de impotencia ante la enfermedad. En la oscuridad de estos días difíciles, la luz de la Navidad brilla aún más intensamente, llevando consuelo a los corazones de tantos. También así, tantos hermanos y hermanas han dado testimonio de la esperanza cristiana, recibida y vivida como un don más grande que todas nuestras miserias y fragilidades”, confiesa Joseph Zhang, al salir de la catedral de Pekín tras asistir a misa en la fiesta de la Epifanía del Señor.

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