ASIA/CHINA – Dar gracias a Dios entre las cumbres del monte Lú. Peregrinaciones cuaresmales al santuario mariano de Lushan con motivo de la fiesta de San José

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Lushan – Lushan, el “Monte Lú”, es una montaña situada en el distrito del mismo nombre al sur de la ciudad de Jiujiang, en la provincia china de Jiangxi. Desde lejos, se pueden admirar innumerables picos que se desvanecen entre las nubes con paisajes encantadores. Toda la zona, reconocida como patrimonio cultural por la UNESCO, forma ahora parte de un vasto parque natural de fama internacional. Fue precisamente en esa región donde los misioneros lazaristas franceses erigieron en 1894 la iglesia dedicada a la Asunción de María, con la intención de proporcionar un oasis espiritual a las comunidades católicas de las zonas de Shanghai, Nanjing y Wuhan, y de todos los pueblos y ciudades de la provincia de Jiangxi. Y es allí donde la comunidad católica de Jiujiang, en la provincia de Jiangxi, ha llevado hoy también a sus fieles para la peregrinación de Cuaresma y los días previos a la fiesta de San José, venerado en China como Patrón de las misiones. Vía Crucis, adoración, sacramento de la penitencia para recorrer la vida de Jesús, que en su pasión se entregó al abrazo del Padre.
El párroco, don Pang Rui, y las hermanas han dirigido la peregrinación, invitando a todos a caminar tras las huellas de San José, “para aprender las virtudes de la obediencia al Señor, su ferviente piedad y su entrega al servicio de la Sagrada Familia”. En 2013, la comunidad católica de Jiangxi erigió también el Centro Espiritual Matteo Ricci en Lushan, en la iglesia de la Asunción de María. En diez años, el de Lushan se ha convertido en uno de los santuarios más queridos por los católicos chinos, y es frecuentado por muchas personas no bautizadas, ya que el Centro ofrece hospitalidad a todo aquel que desee pasar un tiempo de paz y recogimiento en un ambiente que apacigua el alma, lejos del bullicio de las megalópolis. La gente puede pasear por el Vía Crucis, rezar y meditar ante las estatuas de Nuestra Señora y admirar las maravillas de la Creación del Señor. Todo ello ha sido posible gracias a la visión y al duro trabajo de los misioneros. El estilo de construcción del santuario es sencillo y lineal. Las piedras de la iglesia cuentan la historia de una experiencia ininterrumpida de fe vivida aun en medio de las tribulaciones. Desde hace 130 años, y con un ritmo que se ha hecho más intenso en la última década, gracias en parte a la proclamación del Año Santo de la Misericordia, el santuario ha sido un destino constante de peregrinación para comunidades, familias y viajeros individuales. Grupos de emigrantes internos, sacerdotes y religiosas -los de las Congregaciones diocesanas del Espíritu Santo, del Sagrado Corazón de Jesús, de los Misioneros Franciscanos, de las Hermanitas de Santa Teresa de Lisieux…- llegan de toda la provincia y de las grandes zonas urbanas circundantes, para pedir a Cristo la gracia de renovar su fervor apostólico y misionero, al servicio de todo el pueblo. Así, cada día, los himnos del Ave María, del Aleluya, del Dona nobis pacem cantados por los diversos coros parroquiales se elevan en las nubes del Monte Lu, para dar gracias a María y al Padre que está en los cielos.

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