AMERICA/VENEZUELA – “No esperamos que las cosas mejoren solas sino que confiamos en la ayuda de Dios, arriesgándonos juntos para construir un país mejor”

Catolicismo Innovación y Emprendimiento

Caracas – “Nuestra sociedad está paralizada por la inercia y la resignación, por la falta de esperanza, por la experiencia acumulada por las múltiples carencias, las reiteradas contradicciones, las violaciones impunes de los derechos fundamentales, las mentiras flagrantes, las promesas incumplidas”, por eso los Obispos venezolanos lanzan un llamamiento a todos los venezolanos retomando la exhortación de Juan Pablo II en su segunda visita pastoral al país, en 1999. “Hoy es el momento de despertar de nuestra postración – afirman – para despojarnos de todo vestigio de resignación, indiferencia o egoísmo. Generar conciencia de la propia dignidad humana y responsabilidad compartida. Levantémonos y caminemos juntos para sembrar esperanza, actuar con decisión, cultivar valores y promover un modo de hacer política basado en el bien común y no en intereses particulares o con fines ideológicos”.
La Exhortación pastoral, publicada al final de la Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado Venezolano , está inspirada en la cita bíblica “En el nombre de Jesús de Nazaret, levántate y camina… Y de un salto se levantó y caminó” . Los obispos se dirigen no sólo a los fieles católicos, “sino también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestra patria: a los que piensan como nosotros y a los que tienen otras visiones, porque Venezuela es nuestra casa común, los problemas, que son comunes a todos, nos afectan y nos desafían por igual”.
Venezuela sigue viviendo una “realidad que nos paraliza”, por la profunda crisis social, económica y política, con una de las inflaciones más altas del mundo y una moneda nacional en continua devaluación, que hace cada día más complicada la vida de los venezolanos. Esta situación, recuerdan los obispos, ha obligado a más de 7 millones de personas a abandonar el país, según los datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, “generando el mayor flujo migratorio en América Latina y el Caribe en los últimos 50 años. Un éxodo, sobre todo de jóvenes, que no se detiene y empobrece el presente y el futuro del país”.
Desde hace tiempo los Obispos ofrecen propuestas concretas para encontrar soluciones a este estado de cosas, y una vez más, en esta ocasión, renuevan “la urgencia de la búsqueda de una mayor unidad nacional que realice la re-institucionalización democrática del país, recuperando ese terreno común de encuentro que debería ser el texto y el espíritu de la Constitución nacional”. A continuación reiteran que “hoy es necesario reconstruir el país”, por lo que invitan a todos los creyentes y personas de buena voluntad a no dejarse robar la esperanza, a pasar del lamento a la acción liberadora: “En cada diócesis, parroquia y comunidad, en cada liceo y universidad, en cada empresa, oficina y tienda, pongámonos frente a la parálisis nacional, y que cada uno se pregunte qué puedo hacer, cuánto puedo contribuir en mayor medida, cuánto y en qué ámbitos puedo pasar del yo al nosotros, elevando y multiplicando el bien que producimos”.
Una vez más los obispos se unen “al grito de nuestro pueblo” y junto con el Papa Francisco, alzan la voz para pedir que no haya “ninguna familia sin hogar, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”. Luego reiteran que es necesario despertar “no quedarse quietos, esperando que las cosas sean arregladas por otros o mejoren por sí mismas. Debemos ponernos de pie, confiados en la ayuda de Dios, y arriesgarnos valientemente juntos para construir un país mejor ”.

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