AMÉRICA/VENEZUELA – Gratitud y asombro ante las obras de Jesús entre sus predilectos. La aventura misionera del Vicariato Apostólico de Caroni

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Bolívar – “En estos primeros cien años desde la erección canónica del Vicariato Apostólico de Caroní, los Padres Capuchinos han llevado a cabo una misión difícil y entusiasmante. Casi un siglo de acompañamiento pastoral a nuestros hermanos indígenas”. Así lo cuenta a la Agencia Fides Mons. Gonzalo Alfredo Ontivares Vivas, Vicario Apostólico de Caronì desde hace un año y medio, nombrado por el Papa Francisco para acompañar pastoralmente al pueblo Pemòn.
Desde julio de 2021, es la Iglesia venezolana, en particular la Diócesis de San Cristóbal, la que ha recibido el mandato de servir, acompañar y apoyar a la Iglesia del Vicariato Apostólico de Caroní . Un ejemplo de crecimiento y madurez misionera de la Iglesia local llamada a hacerse cargo de una circunscripción eclesiástica definida como una “experiencia pionera” por los propios obispos venezolanos, con motivo del centenario de su erección.
A lo largo del siglo XX se crearon 26 diócesis y 3 vicariatos apostólicos para anunciar el Evangelio entre los pueblos indígenas . “La fe y la pertenencia a la Iglesia son dos factores entrelazados. Estar aquí es también una ocasión para fortalecer la fe de los que vienen en misión”, prosigue Mons. Ontivares, que describe a los padres capuchinos como “custodios silenciosos de la fascinante experiencia de enseñar y transmitir la fe a lo largo de este tiempo”. Gonzalo Alfredo Ontivares Vivas, promoción 1968, nacido en la diócesis de San Cristóbal, alimentó desde niño el deseo de ir a la misión. “Desde que se empezó a hablar de que la Diócesis de San Cristóbal podría asumir el Vicariato Apostólico de Caroní, pensé que había llegado el momento de irme a misionar, tal vez siguiendo al nuevo Obispo y a los sacerdotes que lo acompañarían. Luego, cuando llegó la noticia de que el Papa me había nombrado obispo y vicario, me dije que realmente las cosas no suceden porque yo las haya planeado o cuando yo las haya planeado, sino en el momento, el día y la hora en que Dios las dispone. Vivo este tiempo de misión como una experiencia de fe que Dios me tenía reservada desde hace mucho tiempo, y ahora ha llegado el momento de vivirla y disfrutarla”.
Durante más de un año, el trabajo de monseñor Ontivares ha consistido en escuchar y observar esta nueva realidad entretejida con una cultura totalmente distinta a la de sus orígenes. “Desde el punto de vista sociocultural, la visión cosmológica y cosmogónica del indígena influye decisivamente en su vida y en su forma de concebirla. Muchos de ellos -continúa el Vicario Apostólico- viven en la pasividad y ven a la Iglesia y a todos los que llegan a sus territorios como quienes deben llevar comida y bebida. Algunas creencias también les han llevado a permanecer en un estado de subdesarrollo. Por ejemplo, en algunos casos se han negado a que el tendido eléctrico atraviese sus territorios y ahora viven a oscuras y aislados. En este escenario, aumenta la explotación de las minas, la contaminación de los ríos, la destrucción de la fauna salvaje, la introducción de drogas, alcohol, prostitución, trata de seres humanos y la falta de medidas de seguridad en el lugar de trabajo”. En esta fase de la misión, también se ha empezado a trabajar en la recuperación de espacios y zonas que antes no se utilizaban o se encontraban en estado de decadencia y abandono. Gracias a algunas ayudas, se ha renovado la flota de “vehículos” del Vicariato, para poder llegar rápidamente a zonas aisladas y accesibles por tierra. Sigue siendo problemático y costoso visitar y apoyar a tres parroquias a las que sólo se puede llegar en avión.
En los 80 mil kilómetros cuadrados en los que se extiende el Vicariato trabajan actualmente diez sacerdotes, cuatro seminaristas comprometidos en actividades pastorales y dos jóvenes misioneros de las Obras Misionales Pontificias de Venezuela. “La mentalidad de los indígenas y criollos que viven en la zona debemos entenderla no como un obstáculo, sino como la realidad existencial en la que se desarrolla la vida de nuestra etnia pemón” explica a la Agencia Fides el obispo Ontivares. “Pemón significa hombre, persona. Y los indios pertenecientes a este pueblo -subraya el Vicario Apostólico- suelen ser sociables y solidarios. He podido comprobarlo por mí mismo en muchas circunstancias concretas y reveladoras, que nos sorprenden y nos evangelizan. Como cuando te invitan al ‘tumaconseró’, y todos vienen a comer, y comparten la comida en la mesa, en comunidad, como gesto de solidaridad y cercanía con todos”. Es en estos gestos de convivencia y proximidad humana ordinaria donde se puede sembrar fácilmente la semilla del Evangelio, y esperar con confianza que dé fruto, para que todos puedan crecer en alegría al encontrarse con Jesús y ser abrazados por Él.

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