AMÉRICA/REP.DOMINICANA – El camino sinodal no es solo “caminar juntos”, sino con Jesús, por Jesús, en Jesús, desde Jesús y hacia Jesús

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Santo Domingo – “Vivimos en una época caracterizada por el individualismo, la indiferencia y la búsqueda de la realización personal, sin tomar en cuenta a los demás. El caminar juntos nos obliga a hacernos conscientes de que la conquista del bien y la felicidad humana solo es posible cuando asumimos tareas comunes. El Concilio Vaticano II nos recuerda que, la Iglesia en el mundo actual está llamada a escuchar sus clamores y acompañar sus sueños”.
La Conferencia del Episcopado Dominicano dedica su carta pastoral anual al tema “La sinodalidad, camino de identidad eclesial”, señalando el individualismo como raíz de muchos de los males de la sociedad que destruyen la vida, y la ambición desmedida de riqueza lleva a la explotación desproporcionada de los recursos naturales y a la destrucción del medio ambiente.
El documento ha sido publicado como siempre en la solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia, la Madre Patrona del pueblo dominicano, por lo que lleva la fecha del 21 de enero de 2023. Los obispos explican que para el tema de este año se han inspirado en el sentir común de la Iglesia universal, convocada por el Papa Francisco al Sínodo sobre la Sinodalidad, “un tiempo de reflexión profunda sobre los nuevos desafíos que presenta el mundo moderno y cómo la Iglesia puede responder a ellos, guiados por la fuerza y la acción del Espíritu Santo”.
En su extenso documento, los obispos explican que la sinodalidad “consiste en recrear y dinamizar nuevos espacios que propicien el encuentro de comunión y participación entre todos los hermanos de la Iglesia, grupos, comunidades y movimientos apostólicos”. Al describir la relación entre la sinodalidad y la Biblia, destacan entre otras cosas que “la escucha es misión y anuncio”: “requiere que cada uno de los miembros del pueblo de Dios sea capaz de responsabilizarse y participar del camino eclesial, de la comunión y participación de todos en la misión”. La sinodalidad además, “expresa precisamente el carácter peregrino de la Iglesia”, que asume “los desafíos de cada persona y de cada época” para dar razón de su esperanza en medio cada realidad humana.
Hablando de la “Espiritualidad sinodal”, los obispos ponen de manifiesto que “si no consideramos a fondo la dimensión espiritual de la sinodalidad, este camino sinodal se puede reducir a una ‘convención eclesial’, a ‘una conferencia de estudios’, a ‘un congreso político’ o a ‘un parlamento’. La espiritualidad sinodal exige un profundo cambio de mentalidad, a nivel personal, comunitario y estructural, un hondo proceso de conversión, que nos haga abandonar el pasado para salir al encuentro de los demás y caminar con ellos. “Este camino sinodal cristiano no se realiza solo caminando juntos, ni de cualquier manera, sino que es un caminar muy particular, con Jesús, por Jesús, en Jesús, desde Jesús y hacia Jesús”.
Los obispos instan a vivir la sinodalidad en la celebración de los sacramentos y la liturgia, así como en el discernimiento, “que no puede ser un proceso solitario”, y reafirman la necesidad de una conversión pastoral para ser una Iglesia sinodal, que, como tal, sea signo de fraternidad entre naciones marcadas por divisiones y luchas de intereses. El clamor del pueblo reclama solución a tantos males, algunos de ellos históricos, como la corrupción, la pobreza extrema, el desempleo, la falta de oportunidades, las deficiencias en salud, educación, servicios, a los que se suma la delincuencia común, sin olvidar la pobreza espiritual “que habita en el corazón del hombre moderno empujado lejos de Dios”.
Hay muchos lugares en los que vivir la sinodalidad: en primer lugar la familia, “espacio privilegiado para aprender a caminar juntos”; luego la parroquia, con sus diversas articulaciones y estructuras, “que han de organizarse y funcionar como verdaderos espacios para la realización de una Iglesia sinodal”; la Iglesia particular, dirigida y animada por el Obispo; los movimientos apostólicos y las nuevas comunidades, “llamadas a colaborar con el crecimiento de la Iglesia particular, unidos al Obispo y toda la comunidad diocesana”; las instituciones laicales, “poniendo al servicio de los demás sus carismas y practicando la unidad en la diversidad”; la vida consagrada, cuyos miembros “forman parte de una Iglesia enteramente ministerial y sinodal”.
Los obispos señalan el Plan Nacional de Pastoral como un instrumento de la “Iglesia en salida” que quiere responder al reto de evangelizar promoviendo “una evangelización nueva, misionera y planificada” que, partiendo de la realidad, reúne a los distintos agentes de pastoral y movimientos apostólicos entorno a unos propósitos comunes, “dando como resultado una Iglesia que vive e intenta vivir la comunión y participación”.
El documento concluye poniendo de relieve la necesidad de “crecer en el espíritu sinodal” y en este sentido indica algunos pasos concretos a dar: Realizar una evangelización dinámica y atractiva; incentivar más el uso en los medios de comunicación; fortalecer la formación las diferentes pastorales y formar más líderes. Cultivar la fraternidad; trabajar más en equipo e identificar los dones y talentos en la comunidad. Promover más la vida de oración en nuestros fieles; favorecer en nuestras comunidades el servicio a los grupos vulnerables y seguir fortaleciendo la presencia de los pastores en el pueblo de Dios.

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