AMÉRICA – Ministerio del catequista ‘misionero’: criterios e itinerarios de formación de las Conferencias Episcopales

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Brasilia – “Que la institución del ministerio del catequista sea, para la Iglesia, un motivo más de unidad y comunión, en la diversidad de dones y ministerios que están al servicio de la comunidad eclesial, para su maduración y crecimiento”: así lo afirma el Documento que acaba de publicar la Iglesia brasileña y que indica los “criterios e itinerarios para la institución del ministerio del catequista”. La Comisión de Animación Bíblico-Catequética de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil , siguiendo las indicaciones del Papa Francisco en la Carta Apostólica Antiquum ministeriun, que instituye esta pastoral y asigna a las Conferencias Episcopales la tarea de indicar los criterios y el itinerario formativo, ha elaborado este Documento que presenta consideraciones y criterios que deben ser puestos en práctica en las Iglesias locales de Brasil.
La institución de un servicio como “ministerio” por parte de la Iglesia es una acción que pone de relieve su importancia, señala la CNBB. La institución del ministerio del catequista es la confirmación del reconocimiento de la misión del “discípulo misionero”, que responde con alegría a la llamada del Señor a anunciar y testimoniar con su vida su gran amor. La Comisión reitera que la posibilidad de ser instituido catequista significa permitir a todos confirmar su sí a un servicio importante, que requiere mucha dedicación y esfuerzo, para testimoniar con la vida la fe, la esperanza y el amor.
El documento ha sido debatido y aprobado durante la última asamblea plenaria de la CNBB. En la ocasión, los Obispos han destacado que los catequistas en Brasil trabajan junto con los ministros ordenados, ofreciendo una excelente contribución al camino de iniciación a la vida cristiana. “Los catequistas son los grandes colaboradores en la construcción de la vida humana y de nuestras comunidades”, ha subrayado Mons. Waldemar Passini Dalbello, obispo de Luziânia y miembro de la Comisión de Animación Bíblico-Catequética de la CNBB. El período de discernimiento ofrecerá una formación humana, comunitaria, espiritual, doctrinal, teológica y pastoral-misionera, para que los candidatos al ministerio puedan asumir responsablemente la misión que Dios quiere confiarles. En las diócesis brasileñas, la formación puede tener lugar, dependiendo de la situación, en las escuelas diocesanas para catequistas, haciendo uso de los institutos y facultades católicas
Los obispos argentinos también han publicado un documento sobre el ministerio laical del catequista, que “ahora deberá vitalizarse en cada una de nuestras comunidades eclesiales”, escribe en su presentación Mons. Gabiel Mestre, obispo de Mar del Plata y presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Animación Bíblica, “en nuestras Iglesias particulares deberá configurarse creativamente y al servicio constante de la renovación de la catequesis”. En la Carta de los directores y miembros de las Comisiones diocesanas de Catequesis dirigida a todos los catequistas del país, de la que se informa en el documento, se recuerda que la Iglesia “mira con profundo respeto y gratitud todo lo que hacemos, y en este momento histórico nos ofrece el ministerio del catequista como un don y un servicio al que todos estamos llamados”. Invitándonos a acoger este don con alegría, para fortalecer la oración y el discernimiento, la Carta continúa: “Nuestro país busca vuestro testimonio conciliador y fraterno para emprender caminos de diálogo entre hermanos… Os exhortamos a renovar el camino de la formación en el que las dimensiones del ser, del saber, del saber hacer y del saber estar con los demás fortalezcan la perspectiva misionera que debe caracterizar nuestro papel en la comunidad”.
Por ello, el documento se divide en dos partes: la primera presenta los criterios normativos para el discernimiento vocacional con algunas referencias a la realidad argentina. La segunda parte se detiene en el itinerario formativo, que incluye varias dimensiones interconectadas: desarrollo de la madurez humana y cristiana con conciencia misionera, adquisición de conocimientos bíblico-teológicos, conocimiento de la persona y del contexto social, formación pedagógica y metodológica.
“Es vital que a lo largo del proceso de formación se respire la centralidad de la experiencia espiritual en una perspectiva misionera”, subraya el texto. El itinerario se divide en tres etapas: llamada, conocimiento y seguimiento integral de Jesús, enviado por el Espíritu.

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