AMÉRICA – Los obispos tras los desastres de Melilla y San Antonio: el endurecimiento de las políticas migratorias es ineficaz por lo que es necesario fomentar la migración regular

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Bogotá – “Rechazamos los enfoques punitivos y ‘combatir’ a los migrantes irregulares como política migratoria y de fronteras, no solo por su ineficacia y altos costes financieros, sino sobre todo porque se traducen en más muertes y esclavitud en forma de trata, además, van en contra de un elemental sentido de humanidad y en contra del espíritu de un amplio ‘nosotros’ que el Papa Francisco nos llama a cultivar”. Así escribe el Arzobispo de Trujillo y Presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, en nombre del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y de las organizaciones vinculadas a los migrantes que integran la Red Clamor, tras el hallazgo de un camión con 50 migrantes fallecidos, muchos de ellos menores de Guatemala, Honduras y México. Los cuerpos fueron descubiertos en un vehículo abandonado en San Antonio, una ciudad de Texas a unos 240 km de la frontera con México, en una zona de Estados Unidos donde fácilmente las temperaturas superan los 40 grados. En la declaración del 29 de junio expresan su consternación por el suceso y su solidaridad con las familias de los migrantes fallecidos.

“Este hecho criminal, como tantos otros que se están dando cada vez con mayor frecuencia en las fronteras de los países desarrollados, pone en evidencia la desesperación de quienes, en busca de un futuro mejor, están dispuestos a poner en riesgo su vida y la de sus familias”, continúa la carta señalando que el endurecimiento de las políticas migratorias no logra contener el flujo de migrantes y es causa directa de muertes y del aumento de la trata de personas. “La vida de ningún ser humano puede convertirse en una mercancía a la que se le da un precio de mercado para enriquecer a las mafias criminales, muchas veces en complicidad con los organismos de seguridad de nuestros países”, denuncia enérgicamente el escrito. El arzobispo expresa además su preocupación por el destino de los supervivientes, especialmente de los niños, considerando lo que está sucediendo con los menores migrantes en Estados Unidos. Por ello, el CELAM y la Red Clamor hacen un llamamiento a todos los países de la región, especialmente al gobierno de Estados Unidos, a que amplíe sus opciones de migración legal para prevenir la muerte, la trata y el tráfico de seres humanos.

El comunicado se refiere a otro trágico episodio similar ocurrido hace unos días, el viernes 24 de junio en Europa, cuando grupos de emigrantes subsaharianos, tratando de escapar de la miseria, el hambre y las guerras en sus diferentes países y al no tener vías alternativas para ingresar España de forma segura y regulada, intentaron cruzar la frontera entre Nador y Melilla . “La llegada de más de 1.500 personas fue repelida por las fuerzas de seguridad de Marruecos y España, provocando una auténtica masacre, con más de 30 muertos”, denuncia la Red Clamor en su comunicado del 28 de junio. Los medios de comunicación y las redes sociales mostraron “los cuerpos tirados en el suelo, algunos vivos y otros muertos, bajo el sol, atados, recibiendo un trato cruel, inhumano y degradante por parte del ejército marroquí”. La Red Clamor comparte el llamamiento de los obispos españoles al gobierno para que examine y atienda esta nueva crisis en la línea de proteger a los seres humanos y para que establezca con urgencia vías de acceso legales y seguras para las personas que migran de forma forzada. La Red Clamor se solidariza con los familiares de los hermanos asesinados y pide “justicia, verdad, investigación, reparación y no repetición de estos hechos sangrientos”, además de la liberación de los migrantes recluidos en los CIE dado que “son víctimas y como víctimas necesitan entornos seguros y acompañamiento humano, no una prisión”. También piden la repatriación de los cuerpos de los migrantes fallecidos a sus países.

Uniendo su voz a la de los Pastores del continente latinoamericano y el Caribe, la Red Clamor concluye: “Con el Papa Francisco seguimos apostando por el derribo de muros y por la construcción de puentes de solidaridad para combatir la cultura del descarte, hacer posible la amistad social y la fraternidad de los hijos e hijas de Dios, sin excluir a nadie, independientemente del color de piel, nacionalidad o estatus migratorio”.

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