AMÉRICA – La Iglesia al servicio de la paz: “trabajar intensamente en torno a las causas estructurales de los conflictos en el continente”

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Bogotá – “Los gozos, las esperanzas, los dolores y gritos de nuestros pueblos han resonado en el Congreso, interpelándonos como Iglesia a un profetismo evangélico comprometido y eficaz. Esto nos ayudará a superar el estado de neutralidad y nos compromete siempre más con la dignidad humana y de los pueblos”. Este es un fragmento de las conclusiones del Congreso Latinoamericano y Caribeño sobre el tema “La Iglesia al servicio de la Paz”, organizado por Cebitepal, Centro de Formación del CELAM, que se ha celebrado del 29 al 31 de marzo, con la participación de 80 personas presenciales y otras 274 en remoto, desde Canadá hasta la Patagonia.
El documento que recoge las conclusiones del Congreso recuerda que a través de las ponencias y experiencias presentadas “hemos recibido importantes luces sobre el espíritu que debe animar nuestras prácticas en pro de la paz”, pero también sobre los métodos coherentes con este espíritu. “Hemos experimentado la presencia de la Iglesia en las llagas de la humanidad, en las llagas de sus fronteras… encontramos una Iglesia con olor a oveja y dispuesta a servir a las personas y al bien común”. Los participantes han constatado una maduración de lo que debe hacer la Iglesia en el continente americano y del tipo de contribución que debe aportar.
En cuanto a los pasos eclesiales que hay que dar para una construcción de la paz cada vez más eficaz y concreta, el documento destaca el valor de la “coherencia y vínculo entre la teoría y la praxis; solo así se podrán encarnar los mensajes y documentos de la Iglesia”. Ante los nuevos retos y cuestiones que se plantean, urge “una cohesión interna capaz de superar las polarizaciones de la misma Iglesia y la exigencia de unas prácticas más conectadas y de conjunto”.
El Congreso insta a la Iglesia en América Latina y el Caribe “al trabajo intensivo en torno a las causas estructurales de los conflictos en el continente, a los efectos de poder trabajar fuerte y proféticamente en los Derechos de los Pueblos; visión contenedora y superadora de los Derechos Humanos”. Urge conocer y documentar las prácticas de construcción de la paz, que no pueden ser prerrogativa de ninguna estructura concreta, sino que deben tener como protagonistas a las personas y las realidades concretas a las que sirven en la construcción del Reino.
El documento cita las palabras del Papa Francisco: «La Iglesia está llamada a ser facilitadora natural del diálogo, el perdón, la justicia restaurativa y la reconciliación en todo momento y lugar». Luego señala que “dentro de los procesos de integración latinoamericana se encuentran ya las zonas de paz establecidas a las propias constituciones regionales; por lo tanto, se cuenta con plataformas continentales colaborativas al trabajo de la Iglesia por la Paz”.

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