AMÉRICA/ECUADOR – Las otras víctimas del paro nacional de las que nadie habla

Catolicismo Innovación y Emprendimiento

Quito – El 13 de junio, en Ecuador se inició un Paro Indígena de carácter nacional. Que bloqueó todas las carreteras del país. Miles de indígenas llegaron en caravanas a Quito, que se convirtió en la ciudad centro de todas las acciones de protestas. Se produjeron muchos actos de violencia, saqueos, quema de llantas y en cuestión de horas los habitantes de la ciudad quedaron totalmente encarcelados y sitiados .
Se entregaron las cifras de la pobreza y se fijaron 10 puntos de negociación con el gobierno. Durante 18 días, y hasta el acuerdo de paz, nadie puede circular tranquilamente por varias ciudades. Los productos han empezado a escasear y, cuando se consiguen, están a precios exorbitantes. Pocos los pueden pagar y ahí empieza el calvario de muchas víctimas de las que pocos o ninguno quieren hablar
Amparito Medina, coordinadora de un proyecto de asistencia a madres embarazadas en situación de extrema vulnerabilidad, “Proyecto SOS Mamá” de la Archidiócesis de Quito, ha trazado para Fides los acontecimientos de las últimas semanas, destacando una realidad poco conocida. Un alto porcentaje de las beneficiarias del proyecto pasan su jornada en la calle, son vendedoras ambulantes o realizan trabajos informales para literalmente poder sobrevivir. En esa realidad, un día en que no puedan vender sus productos o en que no puedan ir a trabajar, para ellas significa no poder comer, no poder comprar pañales, no tener para poder cargar minutos para su celular y ni siquiera pueden tomar un autobús.
Para nosotros como dedicados al Proyecto – prosigue – esta situación ha significado recibir sus llamadas de desesperación pidiendo ayuda: no tenían ni siquiera gas para cocinar, viven en cuartos en los que ni siquiera pueden cocinar con leña, no tienen ni una libra de arroz o un tomate, una verdura para poder dar de comer a sus hijos… Intentamos por una semana llegar con ayuda a sus barrios en coche, pero fue imposible, las turbas callejeras amenazaron con rompernos el auto a pedradas. Les explicamos que llevábamos ayuda humanitaria y casi sufrimos un asalto; tuvimos que entregar parte de la ayuda para que nos dejaran pasar.
Finalmente, con la ayuda de sacerdotes y aprovechando un espacio de tregua, muy por la mañana logramos que las madres, con un gran esfuerzo, llegaran a parroquias estratégicamente escogidas y cercanas a sus casas y ahí pudieron recibir lo que habíamos logrado recoger de donaciones. Aunque si nuestros benefactores no pueden producir, tampoco pueden vender, y si no tienen ingresos, tampoco podrán ayudarnos, y en esa realidad el Proyecto no podrá sobrevivir.
Esa es la realidad de las otras víctimas de este Paro Nacional – concluye Amparito – víctimas para las que, sin la ayuda de la Iglesia católica, es muy difícil el día a día. Solo quieren trabajar, vivir en una sociedad sin violencia y educar a sus hijos sin rencores ni odios entre hermanos.

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