AMÉRICA/COLOMBIA – Otro año marcado por la violencia con 180 asesinatos en el Chocó: llamamiento a una tregua navideña

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Istmina-Tadó – Alentamos, con inmensa esperanza, la disposición del Gobierno Nacional y del ELN de iniciar en nuestro territorio, los alivios humanitarios, que nos traigan sosiego y ánimo para seguir la lucha por la paz. Hacemos un llamado al ELN, a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, a las Fuerzas Revolucionarias Mexicanas y a las Fuerzas Armadas RPS-Cartel del Norte, a hacer una cese unilateral al fuego para celebrar la Navidad en paz y a mostrar su voluntad de comprometerse con la paz con hechos concretos”. El llamamiento, contenido en un comunicado titulado «Ni un muerto más», lo lanza el obispo de Istmina-Tadó, monseñor Mario Álvarez Gómez, “en nombre de la Iglesia católica del Chocó”.
“Un signo claro de sincera voluntad de paz – continúa el texto – debe manifestarse en el respeto a la vida, en el cese a las extorsiones, la desaparición de fronteras o barreras invisibles, el reclutamiento e instrumentalización de niños, niñas adolescentes y jóvenes”.
Por lo tanto, los excombatientes de las FARC y los tres poderes del Estado colombiano están llamados a ser fieles a la realización de los acuerdos de paz firmados, y a no traicionar los sueños de las víctimas de obtener Verdad, Justicia, Reparación y garantía de no repetición.
Se anima a la población del Choco a seguir aportando juntos a la construcción de un nuevo Departamento, “teniendo en cuenta el respeto por las diferencias, la salvaguarda de los valores, la equidad, la reconciliación, el perdón y la paz, para que todos podamos vivir dignamente en nuestros territorios”.
El Obispo de Ismina-Tadó presenta el llamamiento junto con una breve reseña del sufrimiento de la población del Chocó, a medida que se acerca el final del año 2022, durante el cual se ha registrado una de las cifras más altas de asesinatos en la historia del departamento: 180 hasta el momento. Además, las catástrofes naturales han costado la vida a 34 personas, en su mayoría de la provincia de San Juan; un gigantesco incendio devoró las viviendas de 44 familias de un barrio obrero de la capital departamental, dejándolas en la más absoluta pobreza; cuatro personas de una misma familia murieron sepultadas por un deslizamiento de tierra.
Como si todo esto fuera poco, continúa el informe, los grupos armados han impuesto todo tipo de control sobre la vida de los habitantes del Chocó, mientras que el gobierno local, departamental y nacional aún duda en atacar las verdaderas raíces de los problemas de esta zona: la indiferencia histórica del gobierno nacional, la falta de políticas públicas, la corrupción y la falta de medios y oportunidades para transformar los inmensos recursos naturales en prosperidad para todos.
El departamento colombiano del Chocó, con capital en Quibdó, está situado en el noroeste del país, y es el único que limita con los dos océanos. Desde hace algún tiempo se vive aquí una crisis humanitaria compleja y cada vez más grave, junto con repetidas violaciones de los derechos humanos, que golpean duramente a la población civil. En una carta-apelación entregada al Papa Francisco el pasado mes de junio , se subrayaba que el 64% de los habitantes viven en la pobreza, que tiene sus raíces en el abandono por parte del Estado, las acciones criminales de los grupos armados, la débil implementación del Acuerdo de Paz y los intereses de diversos grupos económicos. “El Pacífico colombiano, al igual que otras regiones del país, se ha convertido en un escenario de guerra y anarquía que destruye la vida de personas y comunidades”.
Las misiones humanitarias llevadas a cabo por la Iglesia, la sociedad civil y representantes de la comunidad internacional han puesto de manifiesto la crisis humanitaria, medioambiental, económica y social a la que se enfrentan las comunidades, que se manifiesta en desplazamientos forzados, muertes y mutilaciones por minas antipersona, reclutamiento de menores, amenazas a líderes y comunidades, asesinatos, extorsiones y otros delitos. La violencia en la ciudad de Quibdó ha causado más de mil muertes entre los jóvenes en los últimos diez años, y el elevado número de suicidios entre los jóvenes, especialmente en las comunidades indígenas, refleja la desesperación y el terror que se vive en la región.

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