AMÉRICA/COLOMBIA – El “Distrito de la Misericordia” lugar de anuncio del Evangelio y promoción de la dignidad humana en el centro de la capital

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Bogotá – El “Distrito de la Misericordia” surge en una de las zonas más vulnerables de la capital colombiana, promovido y apoyado por la Iglesia Católica, en un esfuerzo coordinado entre la Arquidiócesis y varias comunidades religiosas, prestando atención a los niños, jóvenes, adultos y ancianos, que se enfrentan a realidades sociales complejas.
El padre Jorge Eliécer Arias Toro, animador de la Coordinación Arquidiocesana para el Cuidado de la Dignidad Humana y director de la Fundación Domus Colombia, describe la situación de la zona con estas palabras: “La localidad presenta todo tipo de problemas. Existe pobreza moral, pobreza física. Hay muchos ancianos en estado de abandono, el consumo de sustancias es alto, muchos habitantes viven en la calle. A esto se añaden los desplazados, los inmigrantes, los niños y los jóvenes que no van a la escuela”.
Frente a esta realidad multiproblemática, el Distrito, cuyo eje central de operación es el barrio Las Cruces, en la zona sur-oriental de Bogotá, ofrece acogida, asistencia material en respuesta a necesidades básicas; acompañamiento espiritual; itinerarios terapéuticos; apoyo para el restablecimiento de derechos; y formación escolar, humana y cristiana.
Según la información de la Conferencia Episcopal Colombiana, llegada a la Agencia Fides, entre las comunidades religiosas comprometidas en esta labor se encuentra la Congregación de los Siervos de Cristo Sacerdotes, que presta asistencia a ancianos, niños y adolescentes a través de tres centros. El “Centro de Pastoral y Desarrollo Emaús” presta asistencia a ancianos y personas sin hogar, ofreciéndoles un desayuno diario. También presta apoyo a unos 80 niños y adolescentes en su recuperación escolar e integración en el sistema educativo, ofreciéndoles desayuno y almuerzo. Además, se ocupa de las madres que son cabeza de familia.
En el “Hogar Sagrada Familia” viven 95 niñas de entre 7 y 21 años, vulneradas en sus derechos, que son atendidas por un equipo interdisciplinario de 35 profesionales. El “Hogar Clarita Santos” atiende a 49 niños con discapacidad cognitiva, múltiple y sensorial. Desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde se realizan actividades físicas y terapéuticas, y se orienta a los padres en caminos de corresponsabilidad en el cuidado de estos niños.
A poca distancia se encuentra la “Casa de la Esperanza Hermano Héctor”, que acoge a mujeres familiares de personas hospitalizadas en la zona o que necesitan atención médica y carecen de alojamiento. De esta labor se ocupan las Hermanitas Apóstoles de la Redención. También está el Centro Pastoral de Ancianos “Hermano Héctor”, que ofrece alojamiento a 15 abuelas en situación de vulnerabilidad o abandono. Este centro pastoral también proporciona 100 almuerzos para personas sin hogar todos los sábados; y 200 desayunos para personas vulnerables los domingos.
En la zona, se erige, como pilar de la evangelización y del acompañamiento pastoral, la parroquia de Nuestra Señora del Carmen – Las Cruces, construida en 1902. Junto al anuncio del Evangelio, sacerdotes y animadores de la evangelización, así como personas de buena voluntad, se comprometen en la promoción de la dignidad humana, respondiendo a las necesidades concretas de las personas.
A pocas manzanas al noreste, hay otra parroquia, dedicada a Nuestra Señora de Belén, que está encomendada a los Misioneros Montfortianos y lleva a cabo diversos programas sociales en beneficio de la población más necesitada. Hay un comedor para ancianos y personas sin hogar, que funciona todos los sábados desde hace más de 20 años, donde se sirven más de 200 almuerzos y también se realizan jornadas recreativas y de salud, animadas por un grupo de laicos.
Existen también otras iniciativas llevadas a cabo por diversos institutos religiosos que dan vida a la “Red Arquidiocesana para el Cuidado de la Dignidad Humana”, en la que participan instituciones y organizaciones lideradas por comunidades religiosas y laicas comprometidas, desde un humanismo que tiene como centro la misericordia.

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