AMÉRICA/BRASIL – Después de 50 años, la misión del CIMI sigue siendo la de “defender valiente y proféticamente la causa de los pueblos indígenas”

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Luziânia – “En estos 50 años, la lucha por la justicia y en defensa de la vida en su plenitud ha orientado y orienta totalmente la actividad del CIMI, que camina en solidaridad con los pueblos y comunidades, apuntando a la construcción de una sociedad, inspirada en la visión real y utópica de las sociedades indígenas. En ellas, la construcción de la persona prevalece sobre la producción de bienes, la participación sobre la competencia, la reciprocidad sobre la acumulación y el diálogo sobre el discurso autoritario”. Así se lee en el Manifiesto del 50º aniversario del Consejo Misionero Indígena .
En el Año Misionero que vive actualmente la Iglesia de Brasil , se celebra también el Jubileo del CIMI. Organismo nacido del Concilio Vaticano II, anexo a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil , tenía como fin la urgencia de crear una pastoral en defensa de los pueblos indígenas, que según la ideología de la época estaban destinados al exterminio o a la integración obligatoria.
El Manifiesto del 50º aniversario del CIMI ha sido redactado por los participantes del Congreso que ha celebrado el aniversario, en Luziânia, Goiás, con la presencia de más de 300 misioneros, misioneras, simpatizantes de la causa indígena y representantes de al menos 20 pueblos indígenas. Los participantes han pedido “en nombre de nuestra Iglesia, perdón a los pueblos indígenas por los pecados de colonización en los que hemos participado”, y ha dado las gracias a los pueblos indígenas a los que acompañan en sus incansables luchas. “La esperanza que se renueva en cada lucha, en cada movimiento, en cada acto de resistencia de los pueblos y comunidades indígenas es una luz, que también ilumina y guía nuestra misión”. A continuación, renuevan su dolor “al ver asesinados a tantos líderes indígenas y también a tantos misioneros. En este momento de celebración del 50 aniversario, recordemos tantos nombres de estos mártires, en nuestra memoria y en nuestros corazones”.
El CIMI además agradece a los pueblos indígenas, “que nos han enseñado a vivir en la alegría de una ‘feliz sobriedad’ ”; a nuestros mártires, “que han asumido la misión con todos los riesgos que conlleva y que han dado su vida por la causa indígena”; a la CNBB, “que nos ha dado apoyo institucional para navegar contra las corrientes destructivas y excluyentes en tiempos de autoritarismo” y que hoy asume con nosotros el compromiso de defender la justicia, la dignidad y la vida de los pueblos indígenas; a los movimientos sociales, instituciones y entidades, en Brasil y en el extranjero, que comparten la reivindicación de los pueblos indígenas sobre sus derechos, y en particular sobre sus tierras.
“Nuestra fe en el Dios de la Vida inspira horizontes de liberación y razones para la esperanza”, subraya a continuación el Manifiesto, reiterando que “la misión del CIMI continúa”, porque después de 50 años, “el horror no ha desaparecido”, al contrario, “la violencia contra los pueblos indígenas se ha intensificado y se ha convertido en una lucha cotidiana contra sus espacios, sus tierras, los bosques que los cubren, la vida que late en todas sus expresiones”. Los territorios son devastados, los bosques incendiados, los animales exterminados, las fuentes de agua contaminadas, los espacios sagrados profanados, el cuerpo de la madre tierra es perforado en busca de minerales. “Frente a este proyecto de muerte, la misión del CIMI y sus aliados sigue siendo la de defender valiente y proféticamente la causa de los pueblos indígenas”.

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