AMÉRICA/ARGENTINA – Beatificados los mártires de Zenta: dos misioneros que dedicaron su vida a transmitir la fe y defender a los indígenas

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Nueva Oran – “Ayer, en San Ramón de la Nueva Orán, Argentina, fueron beatificados Pedro Ortiz de Zárate, sacerdote diocesano, y Juan Antonio Solinas, sacerdote de la Compañía de Jesús – ha recordado el Santo Padre Francisco al final del Ángelus el domingo 3 de julio -. Estos dos misioneros, que dedicaron su vida a transmitir la fe y a defender a los pueblos indígenas, fueron asesinados en 1683 por llevar el mensaje de paz del Evangelio. Que el ejemplo de estos mártires nos ayude a dar testimonio de la Buena Noticia sin concesiones, dedicándonos generosamente al servicio de los más débiles. ¡Un aplauso para los nuevos beatos!”.
El sábado 2 de julio, en el Parque de la Familia de la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán, ha tenido lugar la Celebración Eucarística de Beatificación de los dos mártires , presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Marcello Semeraro. Han concelebrado con él numerosos obispos, entre ellos el Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires; Mons. Miroslaw Adamczyke, Nuncio Apostólico; Mons. Oscar Vicente Ojea, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y Mons. Luis Antonio Scozzina, titular de la Diócesis de Orán. También han estado presentes un gran número de fieles, religiosos y religiosas, además de los representantes de los Jesuitas y de Italia. “Recordando el martirio de los beatos mártires Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas: estamos celebrando el florecer, la primavera de la Iglesia.” ha subrayado el Cardenal Semeraro en la homilía, citando las expresiones de los Padres de la Iglesia sobre el significado del martirio a la luz de la fe, que es considerado “semilla” de nuevos cristianos.
“El martirio de nuestros dos Beatos nos resulta bien conocido: fueron, el uno y el otro, ministros de la primera evangelización” ha dicho el prelado, recordando al beato Pedro, natural de la tierra argentina, “que fue un hombre para todas las épocas… es decir, testigo de Cristo en muchos estados de vida”. Un testigo del proceso lo ha descrito como “buen político, buen marido y padre, y luego un excelente sacerdote, que conocía bien a los indios y los defendía, los bautizaba y cuidaba como cristianos”. El beato Juan Antonio era italiano, natural de Cerdeña, un jesuita que inmediatamente después de su ordenación sacerdotal, llegó a tierras de misión. Los testimonios han destacado su generosa entrega a las necesidades, tanto espirituales como materiales, de los indios, así como la atención pastoral en favor de los españoles, que habitaban en aquellas tierras. “Fue el impulso misionero el que los condujo hacia un encuentro mutuo. Juntos se pusieron al servicio del Evangelio y fueron fieles hasta el derramamiento de la sangre” ha subrayado el cardenal.
El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos ha comentado el vínculo que existe entre el martirio y la Eucaristía: “Es de la Eucaristía, en efecto, que nace la fuerza para ser cristianos, para seguir siendo cristianos, para vivir como cristianos. Quizá , si hoy hay un cristianismo débil y fluido e, incluso, una situación en la que hay vergüenza en mostrarse como cristiano; y también, paradójicamente lo contrario, donde hay cálculo e interés en declararse como tal, si para muchos la fe se reduce a una «cosa», que se pierde con facilidad, la razón está en la lejanía de la Eucaristía”.
El viernes 1 de julio, Mons. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y vicepresidente del Episcopado Argentino, presidió la celebración de la Mida de la Vigilia, en camino hacia la beatificación de los Mártires del Zenta. “Buscando servir a los hermanos aborígenes de un modo auténticamente evangélico, con la mansedumbre del buen pastor, sin violencia de ninguna índole que oscureciera la verdad que testimoniaban, fueron alcanzados por la corona del martirio para unirse para siempre a esa entrega de Cristo” dijo en la homilía, señalando como estos dos apóstoles trataron de hacer conocer a Cristo y su Iglesia, “a aquellos que no conocían al Señor para hacerlos parte de esa nueva familia. Invitar en nombre de Cristo, fue indudablemente la intención que atravesó la misión de los padres Ortiz de Zárate y Solinas en su opción misionera”.

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