ADIOS PIÑERA

Análisis y Opinión Chile
Hoy finaliza su segundo mandato presidencial Piñera y como todo gobierno habrá dejado luces y sombras. Sobre las primeras, cuesta encontrarlas, pero sin duda las hubo. El manejo de la pandemia fue de las decisiones de mayor lucidez del gobernante y su equipo, entregándonos una gestión sobresaliente que salvó muchas vidas. También lo fue el manejo económico, que, si bien se notó menos, pero al ver la evolución del resto de los países latinoamericanos, Chile ha sido una excepción, sobre todo en el manejo responsable del gasto, a pesar de su gran expansión, en la recuperación de puestos de trabajo, en las señales al mercado. No nos olvidemos que lidió con una oposición que no le dio tregua alguna, con siete acusaciones constitucionales a su haber, sin contar que su propio sector le quitó la sal en más de una oportunidad.
Su tardío y errado desempeño del 18-O, que puso incluso en duda si su gobierno sería capaz de terminar, es por lejos su peor sombra porque determinó todo para adelante hasta el proceso refundacional que estamos viviendo. Fue por cierto un momento extremadamente radical y violento, una circunstancia límite, una realidad difícil de enfrentar, que dejó ‘en vilo’ la institucionalidad del país, donde no pocos quisieron sacar provecho, que exigían habilidad política, determinación y valentía, pero que pudieron más el cálculo político y el miedo. Quedará en la duda: ¿por qué el gobierno no fue capaz de anticiparse?, ¿por qué no se escucharon las advertencias de países amigos? Todos los presidentes en ejercicio cuentan con los recursos institucionales necesarios: ¿por qué no se utilizaron en su momento?, ¿por qué el gobierno se dejó estar, transcurriendo horas que terminaron siendo fatales para el Estado de derecho y la estabilidad del país?, ¿qué tanto repercutieron las diferencias de criterio entre el gobierno y el Ejercito? y ¿qué no sabemos que llevó a un gobierno ha inmovilizarse a tal extremo?
La falta de habilidad política fue no tener la capacidad para emplear hábil y asertivamente sus prerrogativas de autoridad y poder, para así fijar el rumbo a seguir tomando las decisiones necesarias, cuando en Chile la violencia emergía como una forma de desestabilizar a como diera lugar el país, legitimada irresponsablemente por actores políticos o sociales que avivaron el fuego para crear una situación de ingobernabilidad que les permitiera volver a gobernar.
La falta de determinación fue fatal porque alejó a Piñera de una firme y clara decisión de hacer cumplir el Estado de derecho, su principal deber. Un gobernante con determinación está dispuesto a mantenerse firme en sus convicciones al enfrentar situaciones extremas porque como dice Greenstein “la realidad puede más que las circunstancias y los efectos colaterales”.
La falta de valentía fue lo que lo llevó a Piñera a prescindir de la gran oportunidad de su vida: marcar nuestro derrotero con total claridad al demostrar decididamente lo trascendente que resulta cumplir con el deber cuando la patria así lo demanda, especialmente en momentos en que se juega su destino.
Por la falta de habilidad política, determinación y valentía hoy el futuro del Chile sigue abierto, el partido no está terminado y el resultado de los salvajes hechos de octubre puede tener muchas salidas inesperadas con una CC en modo refundacional y un país polarizado, que ha perdido la vitalidad que lo llevó a obtener grandes logros hasta hace no mucho tiempo atrás porque supo priorizar los acuerdos por sobre las diferencias para mejorar y no para partir de cero.
Nicolás Kipreos Almallotis
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